¿No les da Vergüenza?
¿Verdad que a la actual autocracia mexicana, amante de un poder sin límites, no le avergüenza que Díaz Canel, cómplice de una pandilla de dictadores cubanos que tienen las manos manchadas de sangre, haya felicitado a sus queridos colegas mexicanos, otros trogloditas, por los catastróficos 15 años de la fundación de Morena, como tampoco le apenó a Sheinbaum cometer un atentado imperdonable en contra de la tradición diplomática de México al haberse abstenido de condenar a Ortega, el dictador nicaragüense, en el seno de la OEA, a pesar de que éste había cancelado indefinidamente las elecciones en su país. ¿Qué tal cuando Lázaro Cárdenas rompió relaciones con la España franquista?
A la 4T no le avergüenza haber desaparecido las instituciones republicanas heredadas de nuestros padres y abuelos, ni haber destruido el Estado mexicano, creado para dirimir civilizadamente nuestras diferencias, como tampoco le preocupó el fallecimiento irresponsable de 850,000 compatriotas a raíz de la pandemia, ni los 250,000 homicidios dolosos ni los 110,000 desaparecidos ni la criminal falta de medicamentos ni les aflige el desplome del crecimiento económico con sus terribles consecuencias ni el endeudamiento suicida, cuyo costo pagarán las futuras generaciones, ni les alarma la temeraria expansión del crimen organizado en el país.
Tan no conocen la vergüenza que cuando Trump declaró en la ONU, el foro internacional más importante del planeta, que “México es el epicentro de la violencia de los carteles” y que nuestro suelo está en manos de los enemigos de la humanidad, palabras hirientes que recorrieron el mundo entero, la delegación mexicana no solo no abandonó de inmediato el famoso recinto, sino que permaneció inconmovible sin perder detalle en sus celulares del juego de los New York Yankees, que, por cierto, comentaron sin ocultar su frustración, que su equipo favorito había perdido perdió 1 a 0 ante Tampa Bay. Ni Sheinbaum y su 4T representan al pueblo de México, ni diseñan una efectiva estrategia para erradicar a unos de los envenenadores del mundo y evitar así que alguien vuelva a afirmar que nuestro suelo “está en manos de los enemigos de la humanidad”.
No les alarma que decenas de miles de millones de dólares de inversión extranjera no arriben a nuestro país a falta de certeza jurídica, de energía eléctrica y de agua, y que otros tantos miles de millones de dólares del ahorro nacional se hayan fugado ante la extinción del Estado mexicano. ¿No les apena que nuestros paisanos, los amados chicanos, hoy nos mantengan con 520 mil millones de dólares enviados a México en los últimos 8 años? ¿A dónde fueron a dar esos cuantiosos recursos, más los 10 billones de dólares de contratación de la deuda pública? No les avergüenza que, de existir voluntad política, nuestras fuerzas armadas podrían erradicar sin tardanza al narco del territorio nacional, ni les apena la proliferación de cementerios clandestinos, ni la falta de vacunas para proteger a los pequeñitos, ni los despidos masivos de periodistas y críticos del sistema autocrático empeñado en acabar con la libertad de expresión. ¿Alguna vez gobernadores, secretarios de Estado, jueces, magistrados y ministros de la 4T, habrán experimentado un sentimiento de vergüenza por haberse sumado a la destrucción de la patria? ¿Los legisladores de la 4T se habrán apenado por haber votado a favor de iniciativas presidenciales que nunca leyeron o por aprobar presupuestos que permitían el desperdicio del ahorro público? No les avergüenza haber nombrado funcionarios descalificados en hacienda, en energía, en Pemex y en CFE, instituciones de las que depende el crecimiento económico, así como la conservación del grado de inversión, para preservar el equilibrio monetario de México, como tampoco les importa utilizar los recursos del erario para comprar la voluntad electoral de los marginados, en lugar de invertir en colosales obras de infraestructura o en salud, en educación o en seguridad para generar abundante riqueza.
Si no les avergüenza ser reconocidos como los más grandes defraudadores del tesoro público en la dolorida historia de México y prefieren ver el “beis” en la ONU, en lugar de defender la dignidad de la patria, entonces unamos fuerzas para arrebatarles la mayoría calificada el año entrante y comenzar, de esta suerte, el agotador proceso de reconstrucción de nuestro país.