Por: Francisco Martín Moreno
El Reino Unido ha sorprendido al mundo al integrar una coalición gobernante acordada entre el nuevo primer ministro conservador, David Cameron y los liberales demócratas encabezados por Nick Clegg. Ambos aceptaron la necesidad de crear un liderazgo fuerte, estable y decidido al presentar al público un promisorio programa de gobierno. Cameron declaró: “Estamos anunciando una nueva política en la que el interés nacional es más importante que el interés de los partidos.” ¡Qué bárbaros! Esa es modernidad y amor a la patria. “Hasta hoy Nick Clegg y yo éramos rivales y hoy somos colegas.” ¿Qué tal? Los liberales aseguraron cinco carteras en el nuevo gobierno, de tal manera que los tories estén ampliamente representados, desde elitistas sociales a gente de origen humilde, tradicionalistas y renovadores. Todos. Claro está que Cameron retuvo las carteras clave como la del tesoro, Asuntos Extranjeros Exteriores y Educación.
Son de suponerse las intensas negociaciones que habrían de haberse llevado a cabo para formar esta histórica coalición originada en las últimas elecciones generales ganadas, en efecto, por los conservadores, pero sin la suficiente mayoría para gobernar. ¿Qué hubiera acontecido en el Reino Unido de no haberse logrado esta colación? Lo mismo que ha ocurrido en México: se hubiera producido una parálisis legislativa que hubiera complicado los complejos problemas económicos y sociales ya, de por sí, existentes, en donde el egoísmo, la irracionalidad, los celos y las ambiciones desbridadas de nuestros gobernantes, léase del Poder Ejecutivo y el Legislativo, han sepultado en el atraso a nuestro país.
El partido conservador y el liberal decidieron sumar esfuerzos para reducir dramáticamente el déficit público que aumentó a 163 mil millones de libras, casi el 12% del PIB en el último ejercicio, así como reducir el gasto público en 6,000 millones de libras sin lastimar a los sectores menos favorecidos.
Lo importante de este notable experimento político radica en la posibilidad de lograr acuerdos entre ideologías opuestas en beneficio de los supremos intereses ingleses, dejando a un lado las evidentes rivalidades políticas partidistas. Inglaterra es primero. En este orden de ideas, resulta inevitable comparar la capacidad de concertación entre los políticos ingleses y los mexicanos. Para comenzar el gobierno del presidente Calderón se negó a formar una coalición gobernante que permitiera el acceso al poder a políticos con ideologías disímiles. Calderón integró su gabinete, salvo algunas excepciones, con panistas mediocres e incapaces que reunían el requisito de la lealtad antes que el de la eficiencia. ¿Por qué Calderón no nombró, a título de ejemplo, a Juan Ramón de la Fuente como Secretario de Gobernación para tener a un interlocutor inteligente y eficaz con la izquierda? ¿Inseguridad o desconfianza en un Jefe de Estado…? ¿Y la habilidad política y la banda presidencial no significan ya nada? ¡Qué caros son los complejos sicológicos! ¿Resultado ante la negativa de negar el acceso a priístas y perredistas, también los hay valiosos…? La catástrofe de otro gobierno panista desperdiciado y abiertamente decepcionante que ha pavimentado el camino al PRI a Los Pinos en el 2012. ¡Horror!
En nuestro país resulta imperativa la ejecución de las reformas estructurales. Es inaplazable lograr la reforma energética antes de que tengamos que importar crudo en 5 años. Es inexcusable el hecho de no haber abierto el sector eléctrico para captar decenas de miles de millones de dólares y mejorar la competitividad del sector industrial en el exterior. Es incalificable el empantanamiento de la reforma laboral en el congreso, en el entendido de que el Secretario de Trabajo, es de los pocos funcionarios que han cumplido con sus obligaciones jurídicas y políticas. Los hechos son tercos. Es injustificable la dolosa postergación de la reforma del Estado, situación que evidencia la inexistencia de una conciencia patriótica en el Poder Legislativo, de la misma suerte no es admisible que no se haya promulgado todavía una reforma tributaria a la altura de la realidad económica de México. ¿Y la reforma de la seguridad pública? ¿Y la ley antisecuestros…?
Cuando Porfirio Díaz se encontraba en el Dorado exilio parisino sentenció para siempre: ¡Pobre patria mía! En la actualidad ni Calderón integró una coalición gobernante acorde con las circunstancias políticas del país, ni el Congreso de la Unión cumplió patrióticamente con sus obligaciones jurídicas, políticas y sociales. Los resultados están a la vista. La catástrofe mexicana es una realidad en tanto que los políticos se acusan los unos a los otros ignorando su responsabilidad con la nación. ¡Cuánto tenemos que aprender de los políticos ingleses! ¡Cuánto timidez, torpeza e ineficacia en el gobierno de Calderón! ¡Cuánta preocupación nos infunde el regreso del PRI a los Pinos! ¡Cuánta indignidad se encuentra en las curules del Poder Legislativo! ¡Cuánta falta nos hace purgar a México de sus políticos, porque como bien lo dijera Benito Juárez: Nuestras victorias serán nulas si nos quedamos con las mismas mulas…. ¡Se cambia a un David Cameron por 628 legisladores mexicanos!
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