Por: Francisco Martín Moreno
La devastadora crisis de credibilidad que enfrenta el Sumo Pontífice, un hombre infalible en cuestiones espirituales, ha inundado con fuerza huracanada los marmóreas habitaciones del “Santo” padre, quien en cinco años de mandato no ha podido hacer nada para contener la práctica siniestra, cada vez más arraigada, de la pedofilia entre los sacerdotes católicos a su cargo. La feroz tormenta afecta a una de las instituciones más retardatarias de la historia, la supuesta portadora de la honradez, la decencia, la virtud, la probidad y la integridad… No es nueva la existencia de curas obscenos, viciosos y pervertidos que aprovechan su poder para obtener favores sexuales de sus feligreses. ¿Cómo aceptar que las familias católicas que confiaron sus hijos a monjes “intachables”, sometidos, según las apariencias, a rigurosos códigos de ética, hayan permitido, primero, que algunos de sus sacerdotes esclavizaran sexualmente a sus vástagos, obviamente menores de edad y, luego, hayan encubierto estos delitos en vez de denunciarlos ante la policía y los tribunales. No existen las culpas absolutas… Los frailes entendieron el silencio social como una licencia para continuar con los ultrajes.
Si el mensaje bíblico autoriza el matrimonio, ¿por qué no derogar de golpe el celibato, en buena parte el origen de todos los males, e incorporar, así, a buenos candidatos al sacerdocio y retener, de la misma forma, a curas valiosos que permanecerían dentro de la iglesia si se respetara su derecho a tener una familia? “La ley del celibato no es una verdad de fe, sino una ley eclesiástica del siglo XI que debió ser abolida tras las protestas de los reformadores en el siglo XVI.”
La pedofilia en la iglesia católica podría extinguirse de acatarse los deseos de una gran mayoría del clero y del pueblo, con lo cual Benedicto pasaría a la historia como un gran innovador. El celibato es contra natura, como es contra natura la misma pedofilia, según lo deja asentado el psicoterapeuta Richard Sipe en Knowledge of sexual activity and abuse within the clerical system of the Roman Catholic Church, 2004: el estilo de vida célibe, sobre todo el que conlleva este tipo de socialización puede alimentar una inclinación pedófila. “Sin embargo, a los obispos parece importarles más la protección de sus sacerdotes que la de los niños y más concretamente, les preocupa mucho más que prevalezca el impedimento de poder contraer nupcias, como cualquier mortal, para que a través de la herencia no quede amenazado el enorme patrimonio de la iglesia.” Estamos frente a un fenómeno de evidente putrefacción moral de una de las entidades morales encargadas de defender los valores éticos de la comunidad. ¿Todo por dinero…? ¡Imposible olvidar que en el año 2006 la Iglesia católica de Estados Unidos pagó la suma de 1.300 millones de dólares, mientras que en Irlanda en 2009 el propio gobierno acordó con las órdenes religiosas la creación de un fondo de indemnización de 2.100 millones de euros! ¿El papa no debería asumir su responsabilidad en lugar de quejarse de una campaña contra su persona? ¿Cómo se atreve a pedir perdón para los violadores de niños en lugar de excomulgarlos antes de ponerlos a disposición de la ley?
El papa maltrata la realidad cuando califica como meras “habladurías” las acusaciones en contra del diabólico Maciel y vuelve a hacerlo cuando solicita el perdón a las víctimas sin abordar el tema de la reparación del daño ni acusar a los cómplices de semejantes atentados cometidos en contra de niños. El pontífice alega en defensa de los sacerdotes delincuentes el dicho bíblico: “los que estén libres de pecado, que tiren la primera piedra”, una equiparación vulgar como si existiera la menor posibilidad de exonerar a estos criminales del orden común que continúan ultrajando inocentes valiéndose de su autoridad espiritual.
Otro líder político que no sólo ignora sino que maltrata la realidad es Fidel Castro a través de su hermano Raúl, el otro mico antillano disfrazado de militar al igual que el propio Hugo Chávez. ¡Pobres cubanos, pobres venezolanos! ¿Qué tal cuando el hermano del coma-andante declara que dejará morir en huelga de hambre y sed a Guillermo Fariñas, por reclamar la libertad de 26 presos políticos enfermos, porque no se “doblegará” a las exigencias de Estados Unidos y Europa? ¿No es lo mismo que negar las ventajas evidentes del celibato?
Mientras se columpia en el interior de la jaula cubana sujeto del apéndice sacrocoxígeo este singular primate caribeño todavía emite sonidos guturales en los siguientes términos: “No cederemos jamás al chantaje de ningún país o conjunto de naciones por poderosas que sean, pase lo que pase”. Nadie va “arrodillar” a la revolución. ¿A la qué…? Los cubanos están en el hambre y en la desesperación mientras otro enajenado insiste en negar la realidad, digamos a maltratarla…
El papa maltrata la realidad cuando en lugar de derogar el celibato, lo mantiene por razones económicas, con lo cual se eternizan las depravaciones; en tanto Castro, a sabiendas que la democracia es la gran solución, insiste en el capitalismo de Estado que ya demostró su escandaloso fracaso a partir del derrumbe de la Cortina de Hierro. Los dos maltratan la realidad. Los dos mienten, se mienten, nos mienten…
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