Por: Francisco Martín Moreno.
De la misma manera de que, en su momento, tanto Carlos Castillo Peraza como Juan Manuel Gómez Morín, hijo del fundador del PAN, renunciaron a dicho partido político, en esta ocasión Fernando Gómez Mont hizo saber su decisión de abandonar igualmente el PAN por razones “que no puede revelar”. Cualquier observador medianamente agudo podría extraer dos lecturas de las entrelíneas de esta decisión que no dejó de sorprender en algunos círculos políticos del país.
Era un secreto a voces que, entre los acuerdos a los que llegó la cúpula priísta con el actual Secretario de Gobernación, se encontraba el de que los representantes de la “dictadura perfecta” accederían a votar a favor del IVA al 16%, más la miscelánea fiscal del 2009, a cambio de que los panistas, a su vez, se abstuvieran de trabar alianzas con el PRD, fundamentalmente en Oaxaca y en otros Estados de la Federación. Condicionado al cumplimiento de la palabra empeñada se reformaron los dispositivos legales aplicables para aceptar las iniciativas de Acción Nacional que tenían como objetivo disminuir el escandaloso déficit presupuestario que amenazaba con la bancarrota nacional en el 2010. El hecho real es que los panistas, al contemplar impotentes el incontenible avance del PRI de cara al 2012, decidieron pactar con sus más acérrimos enemigos políticos, los mismos que llamaban a Calderón presidente espurio o espúreo o como se diga, ¿no…? ¿Cómo debe entenderse esta decisión suicida?
La imagen de Gómez Mont, su principal patrimonio político, se convirtió en astillas cuando su partido, el PAN, traicionó su compromiso de no trabar alianzas con los perredistas. En ese instante dejó de ser un interlocutor válido y respetable ante el Congreso de la Unión. ¿Qué priísta iba a creer en adelante en Gómez Mont, un menor de edad sin crédito alguno…? ¿Cómo sacar adelante las reformas estructurales que exige el país si PAN y PRI, las dos fuerzas políticas mayores, ya no estarán dispuestas a sentarse a la mesa a discutir los mejores términos para supuestamente beneficiar al país? ¡Adiós gobernabilidad! ¡Adiós Reformas! ¡Adiós gobierno de Calderón, y digo adiós gobierno de Calderón, porque si bien es cierto que Gómez Mont quedó en ridículo con el PRI, no es menos cierto que Calderón se convirtió políticamente en un cadáver insepulto al haber aprobado alianzas con quienes no puede alcanzar una mayoría legislativa y ni siquiera le reconocen su personalidad jurídica! Resulta irrelevante destacar que el PRI vaya a perder Oaxaca u otras entidades federativas como consecuencia de estas alianzas que envenenan el ambiente político. El más lastimado, como siempre, no es Gómez Mont ni Calderón, sino México desde que el agravamiento de la parálisis legislativa impedirá definitivamente la promulgación de aquéllas leyes que el país demanda como un enfermo de la mascarilla de oxígeno.
¡Claro está que Gómez Mont quedó en ridículo con la oposición y más claro está, todavía, que el PAN se quedó sin interlocutores con el PRI y que este hecho perjudica gravemente los intereses de la nación! Sólo que otra interpretación posible consistiría en entender la dimisión de Gómez Mont, revestida de un sentido de la dignidad tan incontestable como inexistente en estos días, bien podría ser una estrategia diseñada para catapultar su figura como la de un extraordinario precandidato del propio PAN a la Presidencia de la República. ¿Razones? La renuncia de Gómez Mont producirá una tremenda escisión entre los panistas ubicados a favor de las alianzas y entre quienes se oponen justificadamente a ellas por ser abortos políticos producto de la desesperación de la tribu panista. Un número muy nutrido de opositores a dichas alianzas seguirán en el partido pero con la mirada clavada en la cabeza de Fernando Gómez Mont, quien de golpe adquirió una talla de líder político de la que antes carecía. Ahora bien: su renuncia al PAN también resulta irrelevante de cara a una pre-candidatura presidencial porque, a partir de hoy, ya es un candidato poderoso para el 2012, condición y coyuntura que los panistas jamás perderán de vista para invitarlo a reingresar a las files del blanquiazul en el momento adecuado. Es más: la dimisión de Gómez Mont, ahora como Secretario de Gobernación, es obligatoria para cederle el paso a un interlocutor válido de Calderón en el congreso, en el entendido de que aquél ya carece de credenciales para fungir como intermediario entre el ejecutivo y el legislativo federales.
Si Fernando Gómez Mont se viera obligado, por esta circunstancia, a abandonar la Secretaría de Gobernación su popularidad se incrementaría aún más y sus posibilidades de llegar a ser ungido como candidato a la presidencia se multiplicarían de manera exponencial en un mundo político en el que la podredumbre, la mezquindad, la corrupción y los intereses inconfesables son parte de la miseria política en la que se encuentra sepultado el país.
Tarde o temprano Gómez Mont renunciará a la Secretaría de Gobernación. Su posición como interlocutor es insostenible. A partir de que abandone el Palacio de Cobián comenzará su verdadera carrera política. En lugar de sufrir el ridículo dio lecciones de dignidad. ¡Al tiempo!
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