Imágenes de la Historia
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Por: Francisco Martín Moreno
La semana pasada afirmé que las cifras de la gestión del presidente Calderón son alarmantes, en la inteligencia de que la economía durante su mandato había observado un crecimiento nulo. Que si bien este desastre económico no era de su absoluta responsabilidad ni la de su gabinete, ya que había existido una crisis devastadora mundial, también era cierto que las medidas instrumentadas por el actual gobierno fueron insignificantes, extemporáneas e ineficientes. Hice referencia al escandaloso disparo de la contratación de la deuda externa en los últimos tres años, lo cual no era sino el reconocimiento de una manifiesta incapacidad de todo el gobierno para ejecutar una reforma tributaria orientada a financiar sanamente el presupuesto federal de egresos. Aclaré que la actitud suicida de diversas legislaturas de negarse a ejecutar una auténtica reforma tributaria constituía una equivocación histórica y antipatriótica. Al respecto me preguntaba: ¿de dónde pensaron nuestros representantes populares que se obtendrían los recursos para impedir una nueva quiebra de la nación?
Subrayé el irresponsable disparo de la deuda pública, la incapacidad de crear los empleos prometidos por el presidente del empleo, la ausencia de programas eficientes, el bajo nivel educativo, la pobreza y la inestabilidad social, todo con la idea de tratar de demostrar que a pesar de las buenas propuestas, en muchos casos excelentes, como la reforma laboral, Felipe Calderón, a pesar de toda su enorme experiencia legislativa y política, nunca supo nombrar a un secretario de gobernación, que negociara las reformas estructurales. ¿Dónde estaban los operadores políticos en el congreso, así como los cabilderos profesionales para sacar adelante su proyecto político? Ahí, a la vista estaba la crisis política, el estancamiento económico, la criminalidad, el terrorismo, el bajo nivel educativo, la pobreza en un clima de angustia, frustración, desconfianza e irritabilidad social.
Creí haber sido claro en el deslinde de responsabilidades, sin embargo, un amable lector, de los que tanto he aprendido, me hace las siguientes observaciones:
“De verdad para mi usted es uno de los grandes escritores de la historia de nuestro país, pero cuando quiere criticar desde el punto financiero al gobierno panista queda mal, se nota y se ve su preferencia priísta, algo que un gran historiador no debiera mostrar, para mi gusto debiera ser mas objetivo.
“Culpa al Presidente de la falta de reformas, cuando el fue el que la propicio y fue el Congreso quien las rechazo; usted que habla de traidores en uno de su libros seria bueno que hablara de los traidores priístas y los traidores perredistas, porque fueron ellos y no el Presidente, quien detuvo los cambios de fondo, pero usted debiera saber eso, por algo es un gran historiador.”
No me dolió, ni mucho menos, que me llamara, de hecho, ignorante, en materia de finanzas públicas ni que me recordara que el congreso ha traicionado, una vez más, a la patria: ¡No!, lo que me hirió como si me encajaran una cimitarra en la yugular fue el hecho de que notara en mi una preferencia por el PRI cuando me he cansado de publicar párrafos como el siguiente:
Todo lo bueno y todo lo malo que haya acontecido en México en los 70 años de dictadura perfecta se debe al PRI por haber negado la posibilidad de la alternancia del poder. Fraudes electorales, asesinato de candidatos de la oposición, de periodistas o expatriación de indeseables o encarcelamiento de “presos políticos o simplemente “desaparecidos”, persecuciones, chantajes, sabotajes y amenazas cumplidas a quien se apartara de los elevados designios de la familia revolucionaria, una pandilla -sálvese el que pueda- que gobernó México en los últimos 70 años del siglo XX. ¿Qué tal un peso a 4 pesos por dólar en 1950 y en la actualidad “sólo” se pagan 12,500 pesos viejos o la existencia de 45 millones de mexicanos en la miseria o los índices de escolaridad 4 veces inferiores a los de los países desarrollados o los millones de estudiantes que no saben ni escribir su propio nombre sin cometer faltas de ortografía o la noche negra de Tlaltelolco o el enriquecimiento de generaciones y más generaciones de políticos o el contubernio de poderes federales y locales que ha prevaleció durante décadas o la inobservancia de la ley o en un poder público totalmente prostituido o la explosión demográfica que quintuplicó la población en la segunda mitad del siglo XX o el hecho de que hayan extraído a la iglesia de las sacristías para concederle una personalidad civil y política que jamás debió volver a tener si no se olvida la experiencia histórica?
Está claro que Calderón heredó un país que no pudo cambiar. No pasará tampoco a la historia como un reformista. Es claro no existen las culpas absolutas. Sí, sí, lo que sea, pero por favor, no hay manera de identificarme con el priísmo. Esa sí que sería una gravísima falta de ortografía ciertamente imperdonable…
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Por: Francisco Martín Moreno
Cuándo el gobierno del presidente Calderón inicia la segunda mitad de su mandato, las cifras que reflejan su catastrófica gestión, son tan impresionantes como alarmantes. La economía ha observado un crecimiento nulo, que si bien puede no ser de su absoluta responsabilidad ni de su gabinete —ya que existió una crisis global devastadora— también es cierto que las medidas instrumentadas para salir avante fueron insignificantes, extemporáneas e ineficientes. Si bien es cierto que en los últimos 20 años se incrementó en 891% la deuda pública, con lo cual llegó a su máximo histórico, lo anterior no fue sino el resultado de la manifiesta incapacidad de ejecutar una reforma tributaria, por lo que temerariamente se recurrió a la contratación de deuda, sobre todo a partir del 2006 para poder sufragar el gasto público. La deuda pública alcanza hoy 3.8 billones de pesos, en lugar de que todos los mexicanos financiáramos sanamente el presupuesto de egresos con nuestros impuestos. Ante la actitud suicida de diversas legislaturas de negarse a ejecutar una auténtica reforma tributaria, ¿de dónde pensaron nuestros representantes populares que se obtendrían los recursos para impedir una nueva quiebra de la nación…? ¡Claro que pedimos prestado para esconder la basura debajo del tapete…!
A la deuda pública y al nulo crecimiento de la economía, a la incapacidad de crear los empleos prometidos por el “presidente del empleo”, se suma una estructura defectuosa del Estado, instituciones inadecuadas, ineficacia de gobernantes, ausencia de programas, proyectos y acciones que cotidianamente conducen a la ingobernabilidad, a la crisis política, al estancamiento económico, a la criminalidad, a la violencia, al terrorismo, al bajo nivel educativo, al desempleo, a la pobreza e inestabilidad social, en un clima de angustia, frustración, desconfianza e irritabilidad, los ingredientes necesarios que producen la desesperación social, con las obvias consecuencias que la historia se ha ocupado de darnos cuenta y razón.
Las recientes encuestas de grupo GEA reflejan un mayor nivel de aceptación de la gestión de Vicente Fox que la de Felipe Calderón, en el entendido que el gobierno anterior panista demostró igualmente una escandalosa incapacidad de conducción del país.
El colapso económico que sufrió Estados Unidos en 2008 repercutió aquí con severidad e indujo al presidente Calderón a anunciar el Programa para Impulsar el Crecimiento y el Empleo, que contiene fórmulas de alcance a mediano y largo plazos, que duermen en el olvido. A pesar de la intensidad que alcanzó la crisis en 2009, no se aplicó una estrategia anticíclica, que contemplara reducir impuestos y tasa de interés, para impulsar el consumo, la inversión y frenar el desempleo, sino que la economía se dejó sujeta a la inercia depresiva de los mercados, de modo que el producto interno bruto se abatió 7%, una de las caídas más fuertes a escala internacional. En 2010, contra toda lógica, se elevan gravámenes, se liberan precios de energéticos, se incrementa el gasto corriente y se contrata irresponsablemente más deuda pública, lo que en enero estimuló la inflación y entorpecerá la recuperación.
Diez años de inmovilidad y rezago inquietan, sacuden las conciencias e invitan a proponer acciones que impulsen la economía, aunque sea con lentitud, con un objetivo claro: construir el México próspero que creemos merecernos.
La parálisis económica constituye una de las más severas amenazas a la estabilidad de un país y, sin embargo, no crecemos. La corrupción es un cáncer que devora las mejores energías de la nación y, sin embargo, no hemos logrado extirparla. Seguimos practicando un “capitalismo entre amigos” que a pesar de resultar desastroso en la práctica, no se ha podido erradicar, como también ha sido imposible evitar las prácticas monopólicas, así como los marcados retrocesos en materia de competitividad, otro renglón alarmante porque México cayó de lugar 60 al 132 a nivel mundial. No hemos podido sustraernos tampoco a la petrolización presupuestaria ni hemos logrado disminuir el gasto corriente del gobierno federal en un entorno de crecimiento demográfico que ubica nuestro desarrollo en un promedio menor al 1% anual, sin duda uno de los peores de América Latina.
El presidente Calderón y su gabinete, por lo general un club de amigos leales, pero no eficientes, cuenta con casi tres años para promover y ejecutar las reformas estructurales. Si de cualquier manera, como todo parece indicar, el PAN no permanecerá en los Pinos a partir del 2012, resulta un principio de carácter patriótico tratar de entregar un país en vías de consolidación económica y política. Si de verdad la Patria es Primero, que Calderón apueste su imagen, su escaso prestigio en el rescate a la nación, aún cuando para ello tenga que inmolarse públicamente. Sin el 2012 Calderón entrega el país en las condiciones actuales, será irrelevante su imagen histórica ante la efervescencia social que nadie desearía volver a vivir…
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Por: Francisco Martín Moreno
¿Por qué…? En los lupanares las meretrices se encuentran al alcance del mejor postor. Cuenta la capacidad de compra del adquirente del servicio sin pudor ni recato alguno. Los caprichos se pagan caros. Todo está a la venta, desde lo que pudiera ser un ostentoso recinto—en este caso no precisamente el legislativo— hasta las idílicas inquilinas, para ya ni hablar de los vinos y licores de importación… Todo gira en torno a un principio irrefutable: el dinero. Sin embargo, aun cuando parezca una paradoja, en el seno de estas residencias reconciliadoras con el bien común, en cuyo interior se practica una de las profesiones más antiguas del mundo, existe orden, un orden impuesto por una madam, la ama de la mancebía, la misma que controla el desarrollo civilizado y respetuoso del negocio. Su poder lo ejerce, por lo general, con una voz dulce, apenas audible y hasta tierna, sin aspavientos ni gritos. Basta un guiño para que los acontecimientos se den de acuerdo a sus deseos, de la misma manera en que es suficiente una señal lanzada delicadamente con su dedo índice para lanzar a la vía pública a los indeseables… De modo que sus decretos mudos se ejecutan con gran armonía, disciplina y paz. El orden se da hasta en el interior del lupanar…
En el Congreso de la Unión que no es congreso, porque si bien es cierto que, según la academia, es una reunión generalmente periódica de varias personas para deliberar y tratar sobre alguna materia o algún asunto previamente establecido, también lo es que dichos asuntos establecidos, como la reforma del Estado, la fiscal, le energética, la de seguridad pública, la del trabajo, no se desahogan porque dicho recinto no pasa de ser una carpa de circo, en donde los diputados o payasos se representan a sí mismos. Simultáneamente no es de la Unión porque los legisladores acatan las instrucciones de los jerifaltes que presiden sus consejos nacionales desentendiéndose de los intereses de la nación que reclama en todos los foros los cambios que, con arreglos a miles de pretextos, finalmente nunca se dan. ¿Cuál Unión…?
Mientras que los pleitos entre casquivanas se solucionan con una señal que puede llegar a ser imperceptible, las diferencias entre legisladores, por definición unos traidores a quienes le deben la tenencia de su curul y el disfrute de su dieta, pueden descender a niveles inimaginables en los prostíbulos pueblerinos.
En el poder legislativo nadie respeta a nadie… Las ansiadas reformas no se dan… No hay líneas eficientes de mando… El país se nos deshace en las manos. Cuando se paraliza el poder legislativo, se paraliza la economía, se dispara el crimen, se descompone la sociedad, adviene el caos, los rufianes lucran con el desorden imperante, se impulsa la involución con todas su consecuencias, se empiezan a resolver las diferencias con las manos, tal y como acontecía en el paleolítico tardío, cunde la incertidumbre, se detiene la generación de empleos, los ancestrales peces gordos siguen haciendo de las suyas, la impunidad se impone, el peculado llega a niveles aberrantes, la corrupción absorbe las más caras energías de la nación, el narcotráfico encuentra su caldo ideal de cultivo, asesinan a periodistas, secuestran a personas, se desarrolla exitosamente la industria del despojo, las bandas de maleantes proliferan a lo largo y ancho del país, el sistema nacional de pagos continúa temerariamente en manos de extranjeros, la evasión fiscal se convierte en deporte nacional, la economía informal destroza a la sociedad, vamos cayendo gradualmente en manos del populismo, un episodio de la historia que nadie quisiera volver a vivir; el ejército, una institución honorable, se desgasta en la calles en actividades ajenas a aquellas que justifican su existencia institucional; el turismo, una industria que podría reportar ingresos cuatro veces superiores a la exportación de crudo, se desvanece en una apatía aberrante; huyen las maquiladoras sin que nadie intente retenerlas ofreciéndoles incentivos; importamos gas y gasolina cuando somos productores de gas y gasolina, mientras en el seno del congreso gritan hasta desgañitarse: ¡Viva la muerte…! 10 líderes sindicales venales impiden el progreso de México… La policía capitalina es más temida que los propios delincuentes. Los rateros, disfrazados de autoridad, esquilman a la población; de noche asaltan y secuestran… El electorado continua sufragando con sus impuestos el gasto público mientras el gobierno no protege la vida ni las posesiones de los gobernados… ¡Ah, casquivanas…!
Y mientras el país se nos deshace entre las manos, los perínclitos legisladores no sólo ignoran sus obligaciones como representantes populares, sino que se lanzan entre sí epítetos mal sonantes, se toman de las greñas, ruedan por el piso entre gritos callejeros, se arañan, se amenazan, lloriquean, salivan, escupen, se lamentan, se insultan, se patean en condiciones que no se dan ni entre las alegres chicas de la vida galante. Efectivamente estamos frente a un circo, sólo que es un circo al que la nación no quiere asistir… En los lupanares por lo menos impera el respeto…
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Por: Francisco Martín Moreno
A Carlos Montemayor,
el luminoso amigo perdido.
El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, acusó a Estados Unidos ante la ONU por la muerte de Orlando Zapata, el preso fallecido en huelga de hambre. Según él, el bloqueo comercial impuesto por Washington fue la razón de la muerte de Orlando. ¿No se trata de un flagrante insulto a la inteligencia? O sea que, ¿en Cuba existe un escrupuloso respeto a los derechos humanos, a las garantías individuales, a la propiedad, a la libertad de expresión, de asociación, etc…? El éxodo masivo de balseros que se juegan la vida para huir del castrismo con el peligro de morir devorados por los tiburones caribeños, ¿son una fantasía, como también lo es la existencia de millones cubanos exiliados en Miami para huir de las sangrientas e implacables persecuciones ejecutadas por los hermanos Castro? Los miles de asesinatos a balazos en los paredones cubanos, perpetrados en contra de auténticos amantes de la libertad, ¿también fueron meros embustes concebidos por el imperialismo yanqui? Los opositores al gobierno cubano instalados en una huelga de hambre son —de verdad—“traidores al servicio de Estados Unidos”? Insisto: ¿los 200 presos políticos o muchos más, que escasamente subsisten en las cárceles cubanas están dispuestos a morir para que se cancele el bloqueo comercial a su país? ¿Ese es el motivo…?
Cuba existe un estado de ley marcial que representa la desaparición de todas – absolutamente todas – las libertades fundamentales y los derechos civiles, políticos, económicos y sociales del ciudadano cubano. La conversión de la República de Cuba en un campamento militar perpetuo, que intenta sistemáticamente negar toda dignidad individual en la sociedad cubana, y que viola los preceptos más sagrados, reconocidos por la Declaración Universal de Derechos Humanos y por la comunidad internacional.
Durante medio siglo el mundo ha sido testigo de imágenes y testimonios sobre los miles de cubanos fusilados, asesinados, encarcelados, desaparecidos, torturados y ahogados en el Estrecho de la Florida, la mejor evidencia para demostrar: el absoluto desprecio al pueblo cubano y a la vida humana por parte de Castro, así como su brutal y eficiente aparato represivo.
Desde 1959, la historia de Cuba refleja la naturaleza criminal del dictador Fidel Castro y los miles de asesinatos políticos cometidos por su régimen totalitario contra la nación cubana, con el objetivo de mantenerse en el poder mediante la instalación de un sistema de terror y represión, encaminado a aplastar todo vestigio de oposición. Llenos de horror y de sufrimientos indescriptibles están los anales de la represión castrista desde 1959, a través de más de cuatro décadas de dictadura y tiranía. Fusilamientos arbitrarios mediante procesos penales fraudulentos. Encarcelamiento de miles y miles de prisioneros políticos en un sistema carcelario infrahumano que hoy incluye a cientos de prisiones a lo largo y ancho de la isla para una población de tan sólo 12 millones de habitantes.
El mundo no debe olvidar la barbarie de la cárcel de mujeres de Guanajay, las celdas tapiadas de Boniato y el Plan de Trabajo Forzado de Isla de Pinos, entre otros cientos de episodios sangrientos, en donde volvió a quedar expuesta la infinita capacidad de crueldad de un gobierno contra un puñado de mujeres y hombres desarmados e indefensos.
De la misma manera en que no se pudieron ocultar los horrores de Adolfo Hitler y José Stalin, de Augusto Pinochet y la junta militar argentina, de Francisco Franco y Rafael Leónidas Trujillo, Jorge Ubico y Tacho Somoza, tampoco se podrán ocultar los crímenes de Fidel Castro. “La historia tiene una pala que desentierra mágicamente los crímenes políticos de la humanidad. El asesinato carece de ideología, a la tortura no puede defenderla ninguna bandera, la furia ciega del martillo enloquecido y feroz contra un yunque indefenso no lo puede reivindicar nadie.”
Entonces, de la misma manera que hoy se pueden presenciar las escenas macabras del holocausto judío, cobrarán vida los cuerpos mutilados de miles de cubanos liberales, los muertos en huelgas de hambre por no poder protestar ni decir ni alegar ni siquiera acceder a la red de Internet. Hablará el recuerdo de los cadáveres de quienes demandaban la presencia de los más elementales derechos del hombre, de quienes pedían justicia y convocaban a huelgas, de quienes morían baleados por externar sus opiniones. Algún día se abrirán las tumbas colectivas clandestinas, se develarán lápidas, se conocerán las ignominiosas carnicerías padecidas por quienes sólo exigían en público respeto a su derecho de razonar y disentir? La historia jamás absolverá a Fidel Castro, el gran criminal superviviente en el siglo XIX. ¡Imposible olvidar!
¿Por qué el gobierno mexicano no lamentó enérgicamente los hechos como lo hizo la Unión Europea y EU? ¿Por qué no criticó el nuevo crimen perpetrado por Fidel y Raúl Castro, los dos dictadores cubanos, como si la muerte de Orlando Zapata hubiera sido la de un perro callejero? ¿Por miedo a la izquierda mexicana? ¿A la qué…?
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