Imágenes de la Historia
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Por: Francisco Martín Moreno
Si la saña es una intención rencorosa y cruel con la que se intenta causar daño, entonces es claro que la naturaleza no puede ensañarse desde el momento en que carece de intelecto y, por ende resulta incapaz de esgrimir razones o aducir propósito alguno. Una vez aceptada la metáfora, me pregunto: ¿Por qué los incontenibles maremotos, los trágicos sunamis, los aniquiladores terremotos, los catastróficos huracanes, los impresionantes deslaves, las devastadoras tormentas tropicales, las amenazadoras fallas tectónicas que cruzan un país o las implacables inundaciones, se dan mayoritariamente en los países pobres, en los depauperados en los que se ha perdido toda esperanza. ¿Excepciones? Las hay: los tornados en Estados Unidos y los temblores en Italia o los tifones en Japón… Los pobladores originales de Inglaterra desconocían si se asentaban en una zona sísmica o no, al igual que los teutones desconocían si en su territorio existía una falla como la de San Andrés? ¿Casualidad…?
¿Por qué en Haití, cuyo producto interno bruto fue de solamente 6.908 mil millones de dólares, la mitad de los ingresos de Telcel de casi 14,000 millones de dólares al año, tuvo que enfrentar una catástrofe de la naturaleza como la que continua padeciendo? ¿No bastaba con que tuviera una industria y una agricultura prácticamente primitivas en pleno siglo XXI? ¿Tampoco bastaba con que el índice de pobreza fuera del orden del 70% haciendo de Haití uno de los países más miserables de la tierra, con una esperanza de vida de 53 años, una mortalidad infantil de 71,6 sobre mil, un acceso al agua potable de tan sólo un 50%, un analfabetismo en los hombres de 54% y de un 50% en las mujeres? ¿No bastaba un ingreso per cápita de 1,500 dólares al año, o sea de 4 dólares diarios por habitante? ¿Por qué la naturaleza se ensaña con un Estado colapsado a través de los siglos como el Haití de hoy?
Alemania tiene un ingreso per cápita de 33,922, Francia de 33,733, Reino Unido de 36,599, los países bajos de 38,333, Suecia de 39,657 e Irlanda de 48,350. Dichos países no son destruidos por fenómenos naturales, es más, casi nunca los padecieron desde sus mismos orígenes. ¿Más casualidades…?
Cuando en nuestros días se habla de un Estado fallido debemos apuntar, sin duda alguna, a Haití. En su trágica historia se encuentran todas las explicaciones en torno a esta auténtica ruina como país que ha fallado en cuanto objetivo se ha propuesto, si es que llegó, en algún momento, a proponerse algo… La población de Haití integrada por un 95% de habitantes de origen del África subsahariana vivió sometida a un oprobioso sistema de esclavitud impuesto por Francia durante siglos, hasta que una temprana Guerra de independencia en 1804 sentó un precedente definitivo para la supresión del comercio transatlántico de personas. Una indignidad. Si en México, en 1820, existían 98% de analfabetos, plomo en las alas del águila mexicana que nos impidió remontar el vuelo a las alturas soñadas, en Haití, ese 95% de negros traídos contra su voluntad de África, evidentemente tampoco sabían leer ni escribir, la peor amenaza en contra de un país. Ese lastre acabó por aplastar a esa nación caribeña, de la misma manera en que entre nosotros, toda debida proporción guardada, la ignorancia continua siendo un flagelo social y una severa amenaza de cara a nuestro futuro.
Sólo que además de los terribles azotes de la naturaleza y de la importación de aborígenes africanos, Haití tuvo que comprometerse a pagar una indemnización por valor de 150 millones de francos, cuando su presupuesto alcanzaba a unos 2 millones de francos. Semejante cifra, ciertamente monstruosa equivaldría a US$21.700 millones actuales o a 44 presupuestos totales del Haití de hoy en día. A dicha indemnización apenas amortizada en 1938 con arreglo a la contratación de más deudas onerosas que complicaron su presupuesto y sus planes de desarrollo, siguieron diversas invasiones armadas de diferentes países, además de exigencias financieras y económicas de las grandes potencias. La carnicería y la explotación llegaron a límites inenarrables.
Como si todo lo anterior no fuera suficiente, de los 29 jefes de Estado que gobernaron Haití de 1804 a 1922, sólo uno pudo concluir su período legalmente; de los otros, 4 se quedaron en el poder hasta fallecer de muerte natural; 18 fueron derrocados por revoluciones, uno de ellos se suicidó, otro fue asesinado en las gradas de su palacio, otro fue hecho picadillo por la multitud y cinco fueron asesinados. La pregunta es: ¿cuántos presidentes norteamericanos lograron concluir su mandato en el mismo período? ¿Cuántos pasaron una y mil veces por encima de la Constitución que habían jurado defender y murieron de muerte natural eternizándose en el mando? ¿Cuántos fueron derrocados? ¿Cuántos fueron asesinados y cuántos más perecieron hechos picadillo por las multitudes por más que se lo merecieran, como en el caso de Bush?
Para los Duvalier, dos generaciones de tiranos asesinos haitianos, sólo eso faltaba, mantener a la gente atrasada y sin acceso a educación era una manera de tener mayor control sobre la población. Suena familiar, ¿no…?
¿Y Francia? No ha estado presente. El presidente Sarkozy vino a México a tratar de rescatar a una multi-secuestradora pero se olvida de su antigua colonia… ¿Y el pudor y el elemental sentido de responsabilidad…?
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Por: Francisco Martín Moreno.
A Manlio Fabio Beltrones le asiste la razón al proponer un impuesto generalizado al consumo y al ingreso con tasas menores a las vigentes. Los fiscos de la mayor parte del mundo han orientado su actividad tributaria a gravar mayoritariamente el gasto, no sólo por la facilidad administrativa que implica, sino por la generosidad evidente que se descubre en el momento de medir los resultados de la recaudación. Si el objetivo consiste en lograr que todos los mexicanos contribuyamos con nuestros impuestos a financiar lo más sanamente posible el presupuesto de egresos, resulta entonces inadmisible que millones de contribuyentes, parapetados en la economía informal, logren escapar a nuestras leyes fiscales, tal y como lo hacen, legalmente, algunas empresas poderosas del país, como las productoras de alimentos y medicinas.
¡Por supuesto que, aun cuando parezca una paradoja, al reducir la tasa del IVA del 16 al 12%, la recaudación no sólo no se desplomará, sino que, al tratarse de un gravamen generalizado, aquella aumentará en cientos de miles de millones de pesos, con los cuales el gobierno podría satisfacer con más eficiencia las necesidades de los más necesitados. Un fisco fuerte cuenta con mayores posibilidades de acometer exitosamente una política social más justa, que un erario público con las arcas absolutamente vacías. La experiencia internacional ha demostrado, hasta la saciedad, que cuando se han disminuido los gravámenes, tal y como propone Beltrones, quien sugiere reducir también la tasa del IVA del 20 al 30%, la actividad económica observa una aceleración sorprendente y a la inversa, un fisco miope que pretende imponer gravámenes excesivos, sólo logra deprimirla. Acontece lo mismo con las tasas de interés: cuando éstas se bajan se calienta la economía y al incrementarse, se enfría el proceso productivo. Si Hacienda permitiera, a título de ejemplo, la depreciación acelerada de automóviles, es evidente que tanto las personas y las empresas adquirirían más vehículos para aprovechar la ventaja fiscal, con lo cual se recaudaría más IVA, más ISAN, más ISR, se estimularía a la industria y al comercio y se contratarían más puestos de trabajo, desde el momento en que las armadoras y distribuidoras venderían muchísimos más vehículos…
Beltrones debe contemplar con meridiana claridad las monstruosas devoluciones que se embolsan las empresas productoras de alimentos y medicinas al estar exentas del IVA. Las devoluciones por sus compras a cargo de un fisco muy debilitado, significan decenas de miles de millones de pesos anuales. A los desposeídos no se les puede ayudar sangrando irresponsablemente al erario.
Uno de los grandes obstáculos de la contratación de trabajadores formales lo constituye las pesadísimas cargas tributarias a las nóminas que van del 30 al 35%, situación que orilla a cientos de miles de empresarios a contratar mano de obra informal, ilegal, evadiendo a los fiscos, para poder ser más competitivos y lograr la supervivencia de sus empresas. En este esquema se sustituirían los impuestos a las nóminas por impuestos al consumo. Un gravamen adicional del 8% al consumo, o sea, 23 o 24% de IVA, permitiría extender el seguro de invalidez y el de vida a 41 millones de trabajadores en comparación con 14 millones que hoy lo disfrutan; facilitaría la contratación de decenas de millones de trabajadores incorporándolos a la formalidad para poder disfrutar legalmente las prestaciones del IMSS y del INFONAVIT; se protegerían a todos los trabajadores asalariados con un seguro de desempleo; se reducirían los costos laborales de carácter tributario de aproximadamente 800 mil empresas legalmente establecidas; se facilitaría la legalización de cientos de miles de empresas que ya podrían acceder al crédito y a la banca; se incorporarían 26 millones de trabajadores al sector formal con las consecuentes ventajas en el ahorro nacional a través de las AFORES y se contaría con muchos más recursos para atender a los desposeídos. En síntesis, al desplomar el costo de contratación legal de trabajadores se disparará la creación de empleos, y se rescataría al IMSS de la quiebra. Cada mexicano asalariado podría tener su propia cuenta de AFORE. Una maravilla, ¿no…?
Beltrones tiene razón. Ahora a luchar en contra de los demagogos e ignorantes…
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A Alejandro Martí: por tu contagiosa lucha para conquistar el futuro.
La sociedad mexicana ha evolucionado a un ritmo mucho más acelerado que el gobierno dividido en sus tres conocidos poderes: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. La nación, mucho más madura y avanzada que la autoridad, exige cambios radicales que ésta se niega a oír y a ejecutar por estar abiertamente reñidos con sus intereses, actitud reaccionaria y retrógrada que evidencia la ausencia de representación política de los ciudadanos, quienes con nuestros impuestos financiamos el stablihsment que ignora paradójicamente nuestras peticiones. Los mexicanos sostenemos el aparato administrativo con el ahorro público sólo para que funcionarios, jueces y legisladores nos den la espalda en los recintos legislativos, en las oficinas palaciegas o en las salas en donde supuestamente se imparte justicia.
La ciudadanía exige la segunda vuelta electoral, el plebiscito, el referéndum, la cancelación inmediata de los plurinominales, la reforma del Estado, la reducción del número de diputados y senadores, así como de sus escandalosas dietas, la disminución del financiamiento a los partidos, los ajustes a la baja de los sueldos y gastos de los empleados judiciales e instancias electorales, la reelección de presidentes municipales y de representantes populares, además de otras exigencias puestas sobre las mesas opulentas en donde despachan y se despachan… ministros, magistrados, secretarios de Estado, legisladores, además de otros funcionarios de diversas jerarquías. La autoridad no oye, no siente, no ve, no responde, no reacciona instalada en la insolencia y en el desprecio a quienes todo le debe. ¡La nación finalmente se ha convertido en un fantasma con el que ya no se espanta a nadie!
¿Qué herramienta mágica se encuentra al alcance de la mano de esta sociedad ignorada y despreciada, víctima de la altivez, la altanería, la soberbia y la insolencia de los gobernantes? No nos quebremos la cabeza: el voto nulo, aquel que el ciudadano intencionalmente produce cuando tacha rabioso toda la boleta electoral para mostrar su repulsa a la autoridad. ¿Consecuencias políticas y electorales de esta decisión? Cuando una casilla registra el 20% de los votos anulados, es decir, tachados, no arrojados a las urnas en blanco, dicha casilla, por disposición legal, debe ser anulada. Para que un distrito sea anulado se requiere el 20 % de las casillas anuladas y finalmente si el 20% de los distritos se anulan la votación será inválida, lo cual puede abarcar, obviamente, la elección del mismísimo Presidente de la República, para abajo. ¿No es una maravilla? La ciudadanía harta ad nauseam cuenta con este mágico recurso para hacer valer su poder por la vía legal: la tercera revolución pacífica que todos deseamos.
En las elecciones intermedias del 2009, los votos nulos o blancos sumaron 1,839,971, lo que significó 5.39% del total de sufragios emitidos, cifra superior a la obtenida por partidos como el PT, Convergencia, Nueva Alianza y PSD. El voto nulo se convirtió en la quinta fuerza política del país. De acuerdo a lo anterior, de lo que se trata es de multiplicar exponencialmente dicho 5.39% a porcentajes superiores al 20 o al 30%, de modo que las elecciones locales o federales se anulen en el caso de que el gobierno no se someta a las condiciones impuestas por la sociedad. Al grano: el electorado impone la agenda con antelación a los comicios exigiendo a la actual legislatura los cambios necesarios para liberar al país de sus secuestradores: los actuales gobernantes. Para alcanzar dichos objetivos se deben crear, a lo largo y ancho del país, sociedades civiles que llevarían el nombre de “Voto Nulo, SC.” Estas organizaciones ciudadanas no lucrativas tendrían como objetivo social convocar a la ciudadanía a tachar las boletas electorales el día de los sufragios si antes no se ejecutaron los cambios legislativos solicitados. Las casas encuestadoras podrían dar fe del número de personas reclutadas y convencidas de la importancia de tachar sus boletas con el ánimo de anular la elección e impedir que los candidatos accedan al poder en contra de la voluntad popular que finalmente se hará valer.
De esta suerte, el gobierno se percatará de la existencia de una sociedad organizada y eficiente que igual da poderes que los revoca. Si el padrón federal refleja la existencia de 77 millones de electores, entonces se requieren, cuando menos de 16 millones de mexicanos que tachen las boletas. ¿No somos muchos más de 16 millones los que estamos hartos de los abusos, la indolencia y el caos…? Es la hora de tomarnos de la mano… Nosotros, los gobernados, somos quienes mandamos. ¡Hagamos la prueba!
A todos los católicos liberales
Por Francisco Martín Moreno
Vosotros que habéis vuelto a abrir la puerta a la alta jerarquía católica en vuestras respectivas jurisdicciones; vosotros que, por lo visto, ignoráis nuestra propia historia y exaltáis discretamente o no, la inigualable belleza de la reacción, os pregunto:
¿Creéis que el clero católico es un ejemplo de virtudes cristianas como la bondad, la caridad y la piedad…? ¿Acaso la usura, que cometía la iglesia católica al cobrar sus intereses durante la colonia y en buena parte del México independiente, las amenazas de excomunión lanzadas sobre personas insolventes o no, las torturas ejecutadas en los sótanos clandestinos del palacio de la santa Inquisición, los embargos y lanzamientos de los acreedores incumplidos, toda esta cadena de infamias tiene algo que ver con la bondad, la caridad, la piedad? ¿Lo creéis…?
Escuchadme bien: ¿Deseáis volver a padecer los horrores de una sociedad educada y dirigida por el clero católico, por la santa mafia, un clero holgazán, traidor, voraz, inescrupuloso, prejuicioso con las ideas modernas, enemigo de la evolución y del progreso, cerrado a las corrientes ideológicas, una maestra retrógrada, retardataria, limitada porque enseña tan sólo una parte del mundo y de la historia por cuidar sus intereses políticos y materiales? ¿Acaso podíamos aspirar a un México distinto si fue educado por el clero católico durante 300 años, más aún si las torturas y las persecuciones impuestas a quien lo desafiaba racionalmente destruían al hombre y a su intelecto? “¡Cuidado con los espíritus libres, almas descarriadas que pueden conducir a las sociedades civilizadas al abismo. Las bajas clases sociales son fanáticas en lo político y en lo religioso: ahí está la verdadera materia prima explotable!”
Recordad que el clero excomulgó a los insurgentes y a quien atentara en contra de la vida de los invasores estadounidenses o franceses; recordad que derrocó gobiernos liberales cuando éstos apuntaban en dirección a los bienes clericales, financió revueltas, impidió la alfabetización, prohibió la libertad de conciencia, acaparó la riqueza durante siglos en detrimento de la prosperidad social al extremo de adueñarse del 52% de la propiedad inmobiliaria del país. El clero no se sometió a la justicia en razón de sus fueros y de sus tribunales especiales, persiguió y quemó a quien “pensara peligroso”, prohibió la lectura de libros, salvo los que a su juicio no contaminaran a la sociedad y atrasó al país al rechazar las ideas refrescantes de la Ilustración, del Enciclopedismo, de la Revolución francesa y de los Derechos Universales del Hombre. Negó la existencia de Voltaire, a Rousseau, Montesquieu, Diderot.
Tened en cuenta que el clero concentró la educación entre ciertos privilegiados y continuó idiotizando a los pobres para que no faltaran sus ansiadas limosnas. A más ignorancia más superstición, más dependencia y más ingresos por servicios religiosos. ¿Quién se va a creer que un cura pederasta u otro que purifica los donativos de los narcos, es un representante de la Divinidad?
No olvidéis que el clero se levantó en armas en 1829 cuando Guerrero pretendía rematar sus bienes; derrocó el gobierno de Gómez Farías en 1835; derogó la Constitución de 1824 e impuso una centralista para provocar la pérdida de Tejas; ejecutó diversos golpes de Estado, como el de Paredes y Arrillaga para recuperar sus privilegios vigentes durante el virreinato; promovió el levantamiento de los Polkos con tal de no conceder préstamos destinados a la salvación de la República, durante la intervención estadounidense; financió la Guerra de Reforma en contra de la Constitución de 1857; apoyó las dictaduras de Santa Anna, de Zuloaga, de Miramón, de Porfirio Díaz y de Victoriano Huerta. Urdió el plan de la Profesa, el de Iguala, la conspiración de Tehuacán, el plan de Cuernavaca, el de Huejotzingo, el del Hospicio, el de San Luis Potosí, el levantamiento de Zacapoaxtla, el de Puebla de 1856, el de Tacubaya de 1857, apoyó el de Tuxtepec e hizo estallar la rebelión cristera al oponerse a la Constitución de 1917…
Y vosotros, Felipe de Jesús y Monseñor Peña Nieto, ¿volvéis a abrir la puerta a los peores enemigos de México en su historia? Si sabíais lo anterior y aun así la abristeis, malo, muy malo, y si no lo sabíais, entonces jamás tendréis el perdón del Señor ni aseguraréis un lugar en el paraíso que, por lo visto, tanto os preocupa…
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