Imágenes de la Historia
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Por: Francisco Martín Moreno
Esteban Cervantes Barrera, el héroe del metro Balderas.
¿Desea usted entender a nuestro país? ¿Sí…? Pues entonces explíquese “el caso Juanito.” Me refiero al delegado electo de Ixtapalapa, en el Distrito Federal. De llegar a ganar las elecciones, tal y como aconteció, dicho sujeto se comprometió públicamente a entregar el cargo a una persona eliminada de la contienda electoral por una decisión judicial. Es decir, la comunidad votaría por el tal Juanito, a sabiendas que él no gobernaría, sino que lo haría una tal Clara Brugada. El tribunal electoral fue burlado, sus sentencias evadidas. El Jefe de Gobierno se exhibió como un títere, cuyos hilos tira López Obrador. La Asamblea del DF ratificaría el nombramiento de una delegada que había sido descalificada. ¿Y las instituciones? La asamblea y el tribunal se convierten entonces en meras carpas, en las que el payaso principal lo es el el “Jefe de Gobierno…”
Pero sucede que el tal Juanito, quien escribe su nombre con faltas de ortografía, traiciona a sus operadores políticos y se dispone a gobernar la delegación cuando nadie votó en la realidad por él, sino por la señora Brugada, quien ahora ya no trabajará a su lado ni siquiera en el área de limpieza. Nada. El electorado alegará: votamos por Juanito legalmente aunque nuestra intención consistía en que él no fuera el delegado. Cantinflas diría que este es un problema de falta ignorancia, porque se vota por quien no va a ser para que quien llegue a ser no sea para que al final de cuentas sí sea… ¡Horror! Si ya le entendió al “asunto Juanito” entonces la ventaja es enorme, porque si la delegación más desastrosa de la capital de la República se desestabiliza, rompería el equilibrio del DF, con lo cual el conflicto llegaría a convertirse, como bien apunta Pabo Hiriart, en un problema de seguridad nacional. Juanito ya no es una broma.
¿Más claves? Estudiemos el caso del Sindicato de Mineros que fue desfalcado con más de 50 millones de dólares por su propio líder Napoleón Gómez Urrutia, el mismo que se vio en la necesidad de fugarse del país para internarse en Canadá, en donde se siente a salvo de las diversas órdenes de aprehensión libradas en su contra por diversos delitos cometidos en nuestro país. Sin embargo, sus agremiados a pesar del gigantesco fraude cometido en su contra, los desfalcados y los burlados, todavía exigen el desistimiento y la reinstalación de quien los desfalcó y burló, o de lo contrario, intentarán paralizar a la industria acerera, fundamental en el desarrollo del país. ¡Ay!, Cantinflas…
¿Otra clave? El gobierno está quebrado. Las finanzas públicas arrojan un faltante de 300 mil millones de pesos para el ejercicio 2010. En lugar de eliminar valientemente algunos subsidios como el de la gasolina, el de Luz y Fuerza, eliminar representaciones del gobierno Federal en el interior del país, derogar algunos regímenes especiales, recortar el número de diputados y senadores, cancelar plazas burocráticas, reducir las aportaciones a partidos políticos y al TRIFE y al IFE, entre otros tantísimos rubros más, pues no, en lugar de ir por la inmolación política más que prometida, el gobierno se propone un incremento tributario en plena crisis económica que ya arroja un total de 2 millones de mexicanos o más, sin empleo. Quien no tiene ni para comer ahora tendrá que pagar más impuestos al consumo, que aunque es el camino idóneo, no es, ni mucho menos, la ocasión adecuada.
La ciudadanía se queja de la corrupción de la autoridad y es quien la corrompe; la asociación inteligente, similar a la que existe en muchos países, con empresas petroleras extranjeras nos podría significar el exitoso rescate de millones de mexicanos sepultados en la miseria y, sin embargo, preferimos una nueva convulsión social antes reformar la Constitución; los cuerpos policiacos dedicados a la erradicación de los secuestros, están integrados, en buena parte, por los propios secuestradores; la Secretaría de Turismo, la industria que podría aportar más del doble de las divisas captadas por el petróleo y las remesas es degradada con una torpeza que raya en la obnubilación. ¿Ejemplo? Los ingresos por turismo en España alcanzaron los 70 mil millones de dólares. En Francia la cifra se remontó a 65 mil millones en 2008, mientras que en México desaparece a la Secretaría de Turismo, cuando, de estar bien conducida, podría representar nuestra salvación.
Es fácil entender a México, ¿no…?
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Por: Francisco Martín Moreno
Se busca, se busca a un mexicano innovador, valiente, visionario, con la visión propia de un estadista del Siglo XXI. Se busca a un mexicano capaz de desmantelar el aparato callista y el priísta que tanto daño han ocasionado y ocasionan a México. Se busca un mexicano que finalmente intente resolver los problemas del presente con la mirada clavada en el futuro; un mexicano de excepción que haya superado los traumatismos históricos, los complejos inherentes al mestizaje y haya comprendido las consecuencias de una religión administrada por usureros y comerciantes; un mexicano que vea en la educación ineficiente y catastrófica el origen de todos nuestros males.
Se busca a un mexicano que libere al país de sus secuestradores tan corruptos como inmisericordes. Un mexicano que se atreva a desmantelar talentosamente el sindicato de petroleros, el de maestros, el de electricistas, así como otros tantos más. Una cáfila de bandidos que sujeta a México de la garganta extrayéndole, como si fuera una gigantesca sanguijuela, lo mejor de su sangre, mientras la inmensa mayoría de los mexicanos tiene que soportar las extorsiones, los robos y las amenazas de estas pandillas dispuestas a unirse en contra de la patria si un mexicano de excepción llegara a atentar en contra de sus fueros y privilegios.
Cuando Lázaro Cárdenas largó a Plutarco Elías Calles del país se hablaba de golpes de Estado, de un nuevo baño de sangre, del estallido de otra revolución y, sin embargo, cuando Calles fue desterrado no pasó nada, absolutamente nada. Cuando se dijo que si Salinas de Gortari atentaba en contra del sindicato de petroleros o el de maestros se produciría una nueva guerra civil, se paralizaría el país, cuando decapitó ambos sindicatos tampoco aconteció nada, absolutamente nada. De modo que se busca a un mexicano que pueda liberar a la patria de sus secuestradores.
Se busca a un mexicano que se atreva a enfrentarse a los gigantescos monopolios privados mexicanos, que logre imponer una competencia justa sin que se esquilme económicamente a la nación. Un mexicano que abra los mercados, que cree oportunidades y empleos sin complejo alguno a la hora de discutir tratados internacionales comerciales con grandes potencias o enormes bloques empresariales extranjeros. Se busca a un mexicano que logre atacar frontalmente el problema de la corrupción, desde el momento en que el costo de la putrefacción nacional se traduce en la cancelación de cientos de miles de millones de dólares, que no anidan en nuestro país por la falta de solvencia jurídica en las instituciones encargadas de la administración de justicia. ¿Quién invierte en un país en el que no se respetan las reglas del juego y el Estado de derecho no es más que un conjunto de palabras huecas para decorar el discurso político?
Se busca a un mexicano que ejecute la reforma petrolera de la que se podían desprender 600 mil millones de dólares para nuestro país en tan sólo 8 años. Se busca a un mexicano que abra los casinos a lo largo y ancho de la República, como ya existen en más de 1oo países del planeta, y que provoque una derrama de más de 12 mil millones de dólares de inversión en el sector turístico. Se busca a un mexicano que abra la industria eléctrica y capte miles y más miles de millones de dólares para modernizar dicho sector y se evite el subsidio, mejor dicho, el desperdicio, de más de 50 mil millones de pesos para financiar la ineficiencia y el dispendio.
Se busca a un mexicano que derogue subsidios monstruosos como el de la gasolina que importa 200 mil millones de pesos anuales. Un mexicano que reestructure valientemente el Presupuesto Federal de Egresos acabando, en los hechos, con la economía ficción. Un mexicano que eleve al 23% el IVA para poder suprimir los impuestos a las nóminas, facilitando la contratación de mano de obra y la creación de cuentas en las AFORES para impulsar el ahorro público, sobre la base de cuidar a los desposeídos con los excedentes que se obtendrían de dicha recaudación. Un mexicano que elimine la economía informal de modo que todos los mexicanos cooperemos al financiamiento del gasto público. Un mexicano que amplíe la base de los contribuyentes y meta en cintura a las grandes empresas que pagan cantidades insignificantes de impuestos recurriendo a mecanismos extralegales para exhibir la ausencia de principios nacionalistas de sus directivos.
Se busca a un mexicano que practique una revolución educativa en alianza con una sociedad comprometida con el futuro de sus hijos y del país. Un mexicano que promulgue la reelección inmediata de legisladores y suprima los subsidios irracionales a las campañas electorales y evite el gasto exhorbitado del IFE del TRIFE… Se busca a un mexicano preocupado por las condiciones ambientales que comprenda la importancia de la desertificación del país en casi un 80%, de donde deviene, entre otras razones, la alarmante falta de agua, el primer problema de la nación.
Se busca, se busca, se busca…
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Por: Francisco Martín Moreno
Con el ánimo de tratar de entender uno de los orígenes de la actual catástrofe económica, sería altamente conveniente conocer el destino de los cientos de miles de millones dólares que empezamos a captar durante el gobierno de López Portillo, cuando administramos la abundancia… Si desde 1980 aceptamos una plataforma petrolera conservadora de un millón de barriles promedio al día a lo largo de casi 30 años, o sea, casi 11,000 días y éstos los multiplicamos por dicho número de barriles, el cálculo nos arroja 11,000 millones de barriles producidos en dichas tres décadas, por lo que a un precio conservador de 20 dólares por barril, llegamos a un gran total de 220,000 millones de dólares. ¿Verdad que el dinero no se ve en obras faraónicas de infraestructura ni en grandes universidades ni en tecnológicos ni en apoyo al campo ni en la pequeñas y medianas empresas, ni mucho menos en los 45 millones de mexicanos sepultados en la miseria? ¿Y las remesas por el mismo período? Y, sin embargo, estamos quebrados de punta a punta…
El déficit presupuestal alcanzará para el 2010 la cifra escalofriante de 300,000 mil millones de pesos, entre otras razones, porque vivimos irresponsablemente del petróleo en los últimos 30 años. Cuando el petróleo se empezó a agotar, las finanzas publicas se desplomaron. Así de fácil. La respuesta del gobierno consistió en incrementar los impuestos y reducir el tamaño obeso del sector público. Aumentar la recaudación y adelgazar al monstruo burocrático eran prioridades de buen tiempo atrás.
Además de aumentar la base de contribuyentes en un país con más de 40% viviendo en la informalidad, es conveniente atacar de frente, con políticos talentosos y valientes de los que ya no existen, el escandaloso subsidio a los precios de las gasolinas, al gas natural licuado y la electricidad para uso doméstico, cantidad que se eleva en su conjunto a más de 250,000 mil millones de pesos, casi el importe mismo del orificio fiscal. ¿No declaró Calderón que estaba dispuesto a inmolar su imagen política e histórica por el bien de la patria? Pues esta es la mejor coyuntura para hacerlo. Yo pongo la pira y la leña verde. ¿Qué vendrá la burbuja inflacionaria por sólo un año? ¡Que venga! ¿Que se producirá un terrible malestar entre los automovilistas, unos privilegiados? ¡Que se produzca!, al fin y al cabo al sector transportista se le puede conceder un tratamiento preferencial transitorio. ¿Que el sindicato de electricistas que también tiene secuestrado al país, tomará las calles? ¡Para eso tiene el Estado el monopolio de la fuerza, para imponer coactivamente sus determinaciones en beneficio de las mayorías! Si hubiera buena política se cancelaría el subsidio a las gasolinas que curiosamente beneficia a quienes más tienen. ¿Adiós al subsidio a las gasolinas? Pues bien, ¡adiós a la mayor parte de déficit…! ¿Que las delegaciones federales en cada Estado de la República, cuestan otras decenas de miles de millones de pesos? ¡A recortar, al menos, una parte del gasto de las delegaciones! ¿Qué cada voto electoral cuesta 16 veces más que e Brasil, pues a recortar los subsidios a los partidos políticos, al TRIFE, EL IFE, al Poder Legislativo, uno de los grandes causantes de la parálisis nacional! ¿Qué no pasarán las propuestas? ¿No…? Pues al menos que ahí quede la evidencia de una intención política enérgica y valiente, por un lado, y, por el otro, a cambiar a los interlocutores con las cámaras de representantes!
Si los subsidios al campo en los últimos 15 años valen 170,000 millones de pesos, ¿no se debería invertir en los servicios de apoyo necesarios para impulsar la intensificación y la productividad en la agricultura, en lugar de que una buena parte del esfuerzo financiero del gobierno vaya a dar al bolsillo de muchos líderes rurales o a las arcas de grandes empresas?
El populismo y la economía ficción aparecen invariablemente tomados de la mano. En el DF, tal vez la mitad de la recaudación del impuesto predial, se destina a subsidiar el precio de la importación del agua. El DF podría contar con muchos más recursos si enfrentara la realidad y cobrara el costo real del servicio. El metro no se ha ampliado hasta tener una red subterránea a la altura de las necesidades de ciudad más poblada del planeta, porque el boleto se vende a dos pesos en lugar de 12. ¿Cuánto cuesta el populismo si, además, los consumidores gastan más tiempo y dinero en el transporte de superficie?
Si el subsidio es una ayuda económica extraordinaria concedida por un organismo oficial para auxiliar a un sector específico de la economía, metafóricamente estaríamos hablando de una prótesis para que un minusválido pueda valerse por sí mismo. ¿Por cuánto tiempo la sociedad debe financiar la supervivencia del enfermo? Una economía será mucho más sana en la misma medida que prescinda de los subsidios. Nuestra economía requiere de diversas prótesis que sólo un gran terapeuta podría ayudar a prescindir de ellas. ¡Se busca a un terapeuta!
Por: Francisco Martín Moreno
Para Alberto López de Nava: un agudo observador de la vida política nacional.
Había una vez —tengo que comenzar este cuento como lo hacían nuestras abuelas cuando se sentaban a un lado de la cama para invitarnos a dormir— una familia mexicana que vivía en la penuria, sobreviviendo escasamente con lo que sus integrantes podían aportar para su subsistencia diaria, después de someterse a todo género de esfuerzos y padecimientos con tal de impedir un lanzamiento derivado de la insolvencia crónica y del agotamiento de la paciencia del casero. La situación al extremo precaria se dio cuando se obligó a los niños a abandonar la escuela porque se carecía de fondos hasta para adquirir los más elementales útiles escolares. Todos a trabajar o nos hundimos, dijo el padre de familia, aceptando de antemano, que semejante decisión no sólo no rescataría al grupo de la asfixia financiera, sino que la ignorancia los precipitaría en la miseria, de la que invariablemente deseaban escapar. Que las mujeres podían caer en la prostitución y los hombres en la delincuencia, era una realidad con la que se debería contar para poder paliar los horrores del hambre. La descomposición moral dejaba de ser un fantasma para convertirse en realidad. Ante la ausencia dramática de dinero cualquier recurso sería válido. El naufragio era inminente…
Pero, ¡oh!, sorpresa, cuando la situación particularmente grave amenazaba ya con un irremediable desbordamiento, llegó una comunicación en un sobre sellado con el sello de una elegante notaría, algo así, como el mensaje mágico enviado por una hada madrina, en el que se le hacía saber a la familia en pleno, la decisión de un lejano tío rico, que les heredaba a los adultos un terreno de 50 hectáreas ganaderas en el norte del país, con la única condición de que todos comparecieran a la firma, la prueba de la unificación de un único propósito. El propio pariente recomendaba la venta del predio e inclusive llegaba a sugerir nombres de compradores, de tal manera que pudieran contar con un capital importante, que invertido inteligentemente, podría ayudar a la solución de los eternos problemas financieros familiares. “Si administran bien esta fortuna podrán vivir varias generaciones de ella”, rezaba el último párrafo del testamento.
Todos brindaron, se abrazaron, volvieron a creer en Dios y en las vírgenes, invitaron al festejo a cuanto vecino estuvo a su alcance para celebrar su feliz arribo a la riqueza. Se gastaron de nueva cuenta, sobra decirlo, lo que no tenían. Cuando acabó la borrachera se dispusieron a administrar la abundancia… Lo inesperado también se presentó. El mayor de los hijos que trabajaba de mesero en una lonchería se negó a vender, dijo que no firmaría porque se desperdiciaría el patrimonio familiar, que él podía administrar la finca sin vender a la gallina de los huevos de oro, que todos confiaran en él, que no era ningún tonto; otro alegó que tampoco se vendiera la propiedad, que se hipotecara y con ese capital se equipara el rancho para poder exportar carne a Estados Unidos. Una hermana sugirió que se subdividiera la hacienda y que cada quien hiciera con su parte lo que le viniera en gana, que sería imposible llegar a un acuerdo porque cada quien deseaba algo diferente. El menor de la familia adujo que si no se lograban conciliar los intereses de todos, nadie se beneficiaría con la herencia, siendo que corrían el peligro despertar las ambiciones de propios y extraños y que todo se perdiera finalmente para todos.
Obviamente no se llegó a ningún acuerdo. Se presentó una furiosa división familiar. Comenzó el intercambio de insultos hasta llegar a los golpes, después de cerrado el capítulo de las amenazas. Los caprichos surgieron por doquier. En otros, el miedo a las represalias de los más activos y feroces, los paralizó. Nada se pudo hacer. Todos necesitaban firmar, pero cada quien deseaba hacerlo con sus condiciones. El hambre penetró por puertas y ventanas. Una demanda prosperó al extremo de encarcelar al hermano mayor. La catástrofe fue irremediable. Se dispersó la familia. La mayoría de los integrantes fueron a dar a cinturones de miseria de la capital. Los niños, por supuesto, no pudieron volver a la escuela, en su lugar, limpiaban para brisas en las esquinas. El costo de no lograr un acuerdo condujo a lo previsto: el rancho fue invadido, el problema se politizó, la riqueza se perdió sin que alguien pudiera defenderla…
La parábola anterior no es sino un mero reflejo de un cuento petrolero. Los mexicanos somos incapaces de poner de acuerdo en la explotación de un recurso que podría aliviar las carencias nacionales. De la misma manera como aconteció con la herencia, en este caso tampoco podría haber nada para nadie. Tenemos todo para salvarnos pero antes estallará una crisis social de dimensiones imprevisibles que conciliar nuestros puntos de vista en beneficio de la nación. ¿De qué nos sirve la riqueza petrolera si somos incapaces de explotarla?
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