Imágenes de la Historia
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Por: Francisco Martín Moreno
Paren al mundo, quiero bajarme: me resisto a leer cada mañana la prensa para encontrarme con más fotografías de decapitados ni deseo saber cómo se dispara la cifra de acribillados pertenecientes a diversas bandas de mafiosos. No, sólo pienso en huir de las balaceras por medio de las cuales lo envenenadores del mundo se disputan el mercado de estupefacientes; ya no quiero levantarme con más noticias relativas al asalto de gente humilde a la que despojan de su raya o su menguada quincena ni quiero cansarme de protestar por la ejecución de chamacos inocentes pertenecientes a familias de acaudalados mexicanos que han hecho su fortuna, en su mayoría, con el producto de su trabajo. Ya no me tranquiliza contemplar más fotografías de brigadas del ejército patrullando las diversas ciudades de la República. Me sublevo al leer homilías dominicales de arzobispos que declaran “en esta santa casa, la casa de Dios se purifican las limosnas pagadas por los narcotraficantes…” Me irritan cada vez más las fotografías de los líderes de los sindicatos oficiales, auténticos secuestradores de la nación, que ostentan relojes, cuyo precio es superior a veinte años de trabajo de sus agremiados ni resisto, asimismo, descubrir las mansiones de estos siniestros personajes en el extranjero, adquiridas con impuestos pagados por el dolorido pueblo de México.
Basta, todo está podrido. Los maestros de nuestros hijos se niegan a ser capacitados, los alumnos reprueban en un 90% los exámenes de admisión para ingresar en la Universidad Nacional, la prueba de que en las escuelas mexicanas se incuba la mediocridad y la dependencia.
La iglesia no puede seguir sosteniendo que “es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos”, cuando la mayor parte de los ricos crean empresas, generan riqueza, empleos, divisas y prosperidad, por lo que tienen garantizado un lugar en el infierno…
Paren al mundo, quiero bajarme porque se utilizan a niños palestinos como escudos humanos durante los conflictos armados en contra del Estado de Israel, de la misma manera en que me resulta indigerible que los fanáticos musulmanes suicidas se rodeen el cuerpo con cartuchos de dinamita para hacerlos estallar en cualquiera de sus cinco rezos cotidianos. Me deprimen los crecientes porcentajes de desempleo al pensar en los padres de familia que carecen de ingresos para pagar colegiaturas, medicinas, hipoteca o renta de la casa habitación. No puedo dejar de pensar en los empresarios que tienen contratadas deudas en dólares y que asisten a la devaluación cotidiana de nuestra moneda, mal que se agrava desde que no llegan los ingresos por exportaciones programadas debido a la contracción de los mercados mundiales. Surgen por doquier fraudes bursátiles, inmensos desfalcos en los fondos de pensiones de los que depende el bienestar y la supervivencia de millones de personas de la tercera edad. Los empleos antes considerados indignos por los nacionales de ciertos países, hoy son nuevamente demandados como parte de la parálisis económica que genera a diario un mayor calentamiento social al propiciar el robo de famélico, estimular la xenofobia, incentivar la expansión de la industria del despojo, la del asalto con violencia, la del secuestro, libre de impuestos y de sanciones.
Un nuevo gobierno de la extrema ultraderecha en Israel denuncia la construcción de bombas atómicas en Irán y califica a este último gobierno como una auténtica amenaza nuclear para el Estado hebreo. Es claro que las diferencias en el Medio Oriente se resolverán mediante un voluminoso intercambio de artefactos nucleares, con lo cual no haremos sino regresar a la Edad de Piedra de llegar a escalar el conflicto a nivel planetario.
Los polos se descongelan con el sobrecalentamiento atmosférico, suben los niveles de los mares y de los océanos, bien pronto asistiremos a la desaparición de puertos y ciudades que quedarán sepultados bajo las aguas. Continuarán los cambios climáticos, los incendios en zonas boscosas, lloverá cuando no debería llover, nevará cuando no debería nevar, surgirán huracanes cada vez más devastadores, se producirán inundaciones sin precedentes en la historia de la humanidad, nos acosarán la sequía y otros fenómenos meteorológicos como consecuencia de la veleidad de fenómenos como el Niño, surgirán enfermedades desconocidas por ingerir huevos o carne de animales engordados con hormonas o pescados alimentados con sustancias tóxicas derramadas irresponsablemente en los mares.
Paren al mundo, quiero bajarme: las guerras generadas por rivalidades y por ambiciones políticas religiosas o económicas; la invasión de narcotraficantes; la violencia y la delincuencia incontrolables; la ausencia de empleos; la quiebra de la moral y de la ética mundiales; la contaminación mundial en sus más diversas manifestaciones, me están llevando a la conclusión de que es necesario tomar unas vacaciones porque he llegado a la conclusión de que: estábamos mejor cuando estábamos peor…
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Por Francisco Martín Moreno
Cuando se asevera que los pueblos tienen los gobiernos que merecen, me acosan diversos ejemplos extraídos de la historia. ¿Los rusos se merecían a un Stalin que exterminó a 20 millones de sus compatriotas? ¿Qué mal tan irreparable habrían cometido los rusos para merecer semejante castigo? ¿Y los alemanes y su diabólico Hitler, quien no sólo condujo a la muerte a millones de sus compatriotas, sino que provocó una guerra mundial con un escandaloso saldo de decenas de millones de caídos de las más diversas nacionalidades. ¿Y el caso de Guillermo II, Kaiser alemán o el de Francisco José y el estallido de la Primera Guerra Mundial? Los austriacos, franceses, ingleses, japoneses y norteamericanos, entre otros tantos más, ¿merecían morir siendo civiles o no? ¿Los cubanos merecen a un monstruo como Castro? ¿Los mexicanos no nos merecemos a un Churchill, a un Adenauer, a un de Gaulle, a un Franklin Roosevelt o a un Deng Xio Ping o Lee Kuan Yew? ¿No…?
En el caso de Venezuela nos encontramos con golpistas como Juan Vicente Gómez, quien, a pesar de la violencia utilizada para acceder al máximo cargo de su país, inexplicablemente regresa al poder dos veces más a través de elecciones indirectas por el congreso nacional; ahí está Rómulo Ernesto Betancourt Bello, otro gorila que ejecuta un golpe de Estado en 1945 y, sin embargo, vuelve increíblemente a la presidencia por medio de elecciones directas en 1959… ¿Carlos Delgado Chalbaud? ¡Golpista! ¿Marcos Pérez Jiménez? ¡Golpista!, ¿Carlos Andrés Pérez? ¡Insufrible populista que desquicia la economía venezolana a mediados de los años setenta, para ser reelecto en 1989 sin poder terminar su segundo mandato habiendo sido privado de su elevadísima investidura acusado del delito de “peculado doloso” y “malversación de millones y más millones de bolívares…!” Todo parece indicar que los venezolanos sí se merecen el gobierno que tienen. Lo anterior se demuestra con tan sólo contemplar la presencia de Chávez, un auténtico gorila, un singular primate extraído de las densas selvas regadas por el caudaloso Orinoco. Estamos frente la figura de un golpista que falló en su primer intento por hacerse de la titularidad del Poder Ejecutivo y quien, a pesar de su abierta vocación dictatorial, logra ganar las elecciones posteriormente para convertirse en el inquilino más importante del Palacio de Miraflores. ¿Eso es todo? ¡Claro que no!, este perínclito coprófago, ahora tiene garantizada la reelección indefinida, hasta que sólo muerte y únicamente la muerte le arrebate la banda presidencial de los dedos engarrotados por el rigor mortis.
Sólo que no existen las culpas absolutas. ¿Dónde termina la culpa de este antropoide y comienza la del electorado venezolano que le concedió el derecho de eternizarse en el poder, muy a pesar de las evidencias de su catastrófica gestión populista, de haberse apropiado del congreso, del Tribunal Supremo, del instituto electoral, obviamente de las fuerzas armadas y del Banco Central? Pobre de aquél país en el que deliberan los militares: el mejor ejemplo lo proporciona George Bush sin entrar en mayores detalles…
La inflación oficial venezolana arroja datos escalofriantes: 35% de carestía. La real se eleva a más del 50%. El presupuesto está basado en un precio promedio del barril de petróleo a 60 dólares, cuando la realidad expresa únicamente 30 y tal vez menos, según avance la parálisis mundial y la temible deflación. En Venezuela se ha desplomado la inversión extranjera con más velocidad que el promedio hemisférico. ¿Quién va invertir en aquel país cuando Chávez, un sujeto que gobierna con arreglo a sus estados de ánimo, un típico caso anal retentivo, según la sicología, puede expropiar cualquier empresa en cualquier momento? ¿Quién? ¿Quién va a crear entonces los empleos si no es la iniciativa privada que se encuentra atemorizada e inmóvil en espera de entregar sus compañías al más decantado estilo castrista? Si no se crean fuentes de trabajo, ¿cómo va a tener acceso la población a los mínimos satisfactores materiales exigidos por la más elemental dignidad humana? ¿Se van a subsidiar indefinidamente los precios de alimentos? ¡Ah, sí…? ¿Y con qué recursos si el petróleo prosigue su incontrolable caída al vacío? ¿Van a imprimir dinero en las imprentas del Banco Central ignorando hasta dónde puede dispararse la inflación, el impuesto más severo con el que se grava la economía paupérrima de los eternos marginados?
Mientras más se desplome el precio del petróleo más cerca estará el final de Chávez. ¿Con qué importarán alimentos si carecerán de divisas? ¿Con los billetes impresos en el banco central? Muy pronto no habrá manera de financiar los subsidios escandalosos con los que Chávez mantiene su efímera popularidad. La dictadura que encabeza provocará un baño de sangre cuando el hambre irrumpa por puertas y ventanas: sólo espero que una vez derrocado no vayan a reelegirlo, años más tarde, como aconteció con Juan Vicente Gómez, con Rómulo Ernesto Betancourt Bello y con Carlos Andrés Pérez…
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Por Francisco Martín Moreno
La confesión católica nos ha convertido en un país de cínicos desde el momento en que un tercero, una supuesta autoridad espiritual, se erige como juez ante el pecador arrodillado y arrepentido, para poder ser exonerado de las faltas cometidas mediante la imposición de una serie de penitencias irrelevantes, mismas que bien pueden reducirse por medio de una generosa entrega de dinero. Cuando el sacerdote concluye la ceremonia con un “ve con Dios” el creyente deberá rezar los “Padre Nuestro” ordenados o cumplir con los deseos del “representante del Señor” para poder conquistar de nueva cuenta la paz espiritual. Una vez tranquilizada su conciencia podrá repetir una y otra vez la conducta perniciosa o prohibida para recibir el mismo “castigo” que bien puede ser irrelevante, según el importe de la limosna depositada en las urnas clericales, en los cepillos o en las cuentas de cheques de los altos jerarcas, todo depende de la gravedad de la infracción… La putrefacción no sólo se da en el gobierno, sino también en el interior de las iglesias católicas a las que desgraciadamente asiste la inmensa mayoría de la población mexicana.
Si se le habla a Dios de tú, ¿por qué entonces no prosternarse frente a Él en la intimidad de una habitación de acuerdo a un código personal de conducta sin depender del juicio de un tercero que tal vez pudiera tener costumbres y vicios depravados como el padre Maciel?, un “padre”, ¿qué padre, no….?, pervertido, corrupto, prostituido, desencaminador de almas, inmoral, degenerado, maligno, violador de niños y niñas, un endiablado sujeto desnaturalizado, vicioso, ignorante del menor sentimiento de pudor y de piedad, un representante de Dios, un depredador de vidas inocentes como las de aquellos chiquillos que fueron obligados a masturbarlo y a quienes después penetró villanamente destruyendo para siempre sus vidas, de lo cual se consoló pidiéndole perdón al Señor…
Si el sacerdote es una persona que ejerce como intermediario entre el ser humano y la divinidad, ¿cómo esperar que semejante autoridad espiritual se utilice para penetrar analmente a chiquillos inocentes que están naciendo a la vida? El “padre”, el miserable padre Maciel debería haber sido juzgado y condenado con todas las agravantes consignadas en la ley: premeditación, alevosía y ventaja, pero además por haber abusado sexualmente de menores con arreglo a su supuesta figura divina en lugar de “servir a todo el pueblo de Dios en su búsqueda de la santidad y en su empeño apostólico por anunciar el Evangelio…”
Ahora resulta que el director general de los Legionarios de Cristo no duda “en pedir perdón por todo este sufrimiento” desde que se conoció que, además de los ultrajes cometidos en contra de chiquillos inocentes, este desalmado sujeto llamado Maciel, un delincuente en toda la amplitud de la palabra, había engendrado a una hija violando ya no sólo sus votos de pobreza, ¿cuál pobreza?, sino también los de castidad, ¿cuál castidad…? El señor Álvaro Corcuera propone el perdón… Perdón, ¿y ya…? Es falso que quien la hace la paga. El “padre” Maciel murió en la cama reconfortado con todas las bendiciones del caso sin haber pagado absolutamente nada. ¿Qué tal que hubiera podido fallecer lapidado, sí a pedradas, lanzadas por todos los hombres, sus víctimas, hoy ya adultos, los primeros en tener un derecho más que legítimo para lanzar sus piedras, todas las que hubieran deseado, del tamaño y consistencia que hubieran escogido, contra un paredón improvisado en el atrio mismo de la Basílica de San Pedro, en cuyo centro hubiera estado de pie el monstruo católico…? ¿Y la pira, una similar a la que instalaba la Santa Inquisición para quemar vivos a los herejes poderosos, cuyas riquezas ambicionaba la iglesia? ¿Y el potro o el descuartizamiento sujetando piernas y brazos a cuatro caballos que salían a todo galope en diferentes direcciones a la orden el del verdugo o el aplastacabezas o el tormento de la rata o las jaulas colgantes, torturas, todas ellas, creadas y ejecutadas eficazmente por la iglesia católica en la que se formó Maciel?
Si se llegó a descubrir la paternidad del “padre” Maciel fue porque en la actualidad existe una división interna producto de las luchas por el poder económico de la orden y, en ningún caso, porque los legionarios hubieran decidido por motu proprio confesar semejantes crímenes cometidos por un hombre de la iglesia. Que quede claro: la verdad se supo gracias a la quiebra financiera mundial que debió haber afectado igualmente a los legionarios que hoy luchan por controlar el inmenso poder de la orden. El surgimiento repentino de una de las hijas de Maciel, no pasará mucho tiempo antes de que aparezcan más aberraciones como la presente, es parte de la guerra sucia que se libra entre los legionarios, sin que la divulgación de la nota responda a un proceso de purificación de la orden manchada ya de por vida Urbi Et Orbi…
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Por: Francisco Martín Moreno
Amo a Bruto pero amo más la verdad
W. Shakespeare. Julio César
¿Y Beatriz Paredes? ¿Dónde está la feroz abanderada de los derechos universales del hombre, la luchadora social por definición? ¿Ya no eres luchadora social? ¿Qué eres entonces…? ¿El poder te acabó con tus ideales? ¿Dónde quedó o qué quedó de la Beatriz con la que todos soñábamos y a la que todos idealizábamos? Te erigiste de la nada y ahora resulta que te has sepultado otra vez en la nada. Te has atrevido a suscribir un pacto secreto con el diablo, es decir, con la iglesia católica mexicana, la enemiga más siniestra de México. ¿Es cierto, o son las habladurías de este pueblo invariablemente traicionado, que de niña sufriste los horrores de la marginación, el dolor de la miseria, del analfabetismo y del hambre y ahora, en lugar de defender a los tuyos, de salir a protestar por los derechos perdidos de tu gente, te has convertido aviesamente en defensora de los intereses clericales? Beatriz, ¿dónde estás Beatriz? ¿Eres la vocera camuflada de la reacción, de la hermosa reacción que nunca duerme y que ha sojuzgado perversamente a los mexicanos sepultándonos en una inútil y no menos frustrante resignación?
Si eras una liberal de sólido y fino cuño, una juarista convencida, ¿qué haces entregándote a los intereses clericales? ¿Ya tampoco eres juarista? ¿Abandonaste el laicismo? De tu sorprendente posición en contra de la maternidad voluntaria ahora también lucharás por una educación religiosa en las escuelas? ¿Te sumarás también a la derogación del artículo tercero y le darás al clero una televisión de alcance nacional para hundir aún más en el atraso a este México acorralado sin opciones ni soluciones? ¿Sabes qué es lo peor? Todo vuelve a ser posible proviniendo del PRI, tu eterno partido proteico. Nada ha cambiado. Quienes votaron por Marcelo Ebrad o Ebrard, o como se llame, tenían razón. Él ha defendido, de casualidad, a las mujeres humildes porque la opción de la suspensión voluntaria del embarazo que él tuvo que apoyar ni siquiera fue una iniciativa de su causa, sino del lamentablemente desaparecido partido PSD. Las niñas ricas se van a Houston… La realidad es que el DF, quiéranlo o no, existe respeto a una decisión íntima y personal de las mujeres: su derecho a ser madres según lo dispone el artículo 4 de la Constitución, disposición a la que a se ajustó el año pasado la Suprema Corte de Justicia de la Nación: “Toda persona tiene el derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos.” Tu posición políticamente suicida va en contra de lo dispuesto por nuestra Carta Magna: obligas a las mujeres, a las de tu propio género, a ser madres, aun en contra de su voluntad. No te creo, Beatriz: la ambición te ha extraviado y, como bien decía Aretino: la ambición es el estiércol de la gloria… Las mujeres y no sólo ellas, te han de cobrar muy cara tu felonía y tu indigerible mendacidad.
Todos te creíamos afortunadamente feminista y ahora trabas una alianza macabra en contra de las de tu sexo para convertirte en cómplice del panismo retardatario, del yunquismo, del vergonzoso sincretismo amoral y pérfido. ¿No sabes que a partir de 1973 cuando se legalizó el aborto en Estados Unidos empezó a desplomarse la delincuencia al dejar de nacer niños antisociales, marginados, seres no deseados, no amados, rechazados, resentidos, llenos de rencor y de odio, dominados por unos apetitos de venganza anónima y sepultados en resentimientos al haberse desarrollado en los andenes de los subterráneos de la ciudad o en cañerías o letrinas? Hoy en 17 estados de la República, gracias a ti y a tu partido, el que gobierna lamentablemente a la mayoría de los mexicanos, ¡horror!, el aborto ha sido penalizado con cárcel aun en los casos de flagrante violación.
¿Qué tal cuando desquiciaste el sistema tributario y enriqueciste a las grandes corporaciones con devoluciones gigantescas de impuestos al oponerte al IVA en medicinas y alimentos? ¿Qué tal cuando te negaste a la apertura energética con la que se podrían rescatar a millones de mexicanos de la miseria? Debajo de tus huipiles nacionalistas se esconden los hábitos de la reacción, de los poderosos enemigos de las más grandes causas de la nación. Has perdido la confianza de millones de mexicanos.
Dios te ampare, si existe…
Por Francisco Martín Moreno
No creo en el historicismo ni en cualquier otra corriente filosófica con la que se intente practicar un pronóstico diseñado para poder anticipar el futuro de los acontecimientos. Claro que somos un producto de la historia!, sí, pero de ninguna manera puedo aceptar que los cambios sociales en diferentes épocas puedan producir los mismos hechos… Las ciencias sociales, por definición, no son exactas. Lo anterior, viene al cuento porque las condiciones críticas actuales que enfrenta la humanidad, mismas que, en buena parte, ocasionó un detestable roba-vacas que llegó a la Casa Blanca, pueden ocasionar severas alteraciones en el orden mundial como aquellas que se produjeron al iniciar los siglos XIX, XX y, ¿por qué no, el XXI?
El siglo XIX sorprendió a la humanidad con las guerras napoleónicas que alteraron la geografía política de Europa y del llamado Nuevo Mundo, desde que impulsaron la independencia en cadena de las naciones iberoamericanas. En el siglo XX estalla la Gran Guerra, mejor conocida como la Primera Guerra Mundial en la que México hiciera las veces de gran detonador. El siglo XXI amanece con una crisis financiera que se expande por el planeta de la misma manera en que una chispa luminosa y juguetona se dirige apresuradamente hacia un gigantesco barril de pólvora.
Llama la atención la explosión del sentimiento xenofóbico en Europa que muy pronto se puede expandir hasta las costas atlánticas de Estados Unidos. Las razones de este movimiento se explican en el hecho de que los nacionales por nacimiento de la Unión Europea están exigiendo, todavía civilizadamente, que los puestos de trabajo sean para ellos y, en ningún caso, para los inmigrantes extranjeros. British jobs for British citizens. ¿Está claro? En Alemania e Italia empieza a acontecer lo mismo. Se le exige al gobierno a través de marchas callejeras, que apoye antes que a nadie a sus nacionales por nacimiento en la política de creación de empleos tanto por empresas públicas como privadas. Todo permite suponer que no está lejos el momento en que comiencen las agresiones personales en contra de los extranjeros que ostentan puestos de trabajo que supuestamente deberían corresponder a los nativos de dichos países. Acto seguido, se procederá a incendiar sus vehículos, a atacarlos violentamente y a incendiar sus casas habitación, tal y como ya existió en Francia en los últimos años del gobierno de Chirac. ¿A dónde puede desembocar esta violencia xenofóbica, cuando podrá estallar, quién la podrá controlar y qué alcances podría llegar a tener? Si hay bienestar ese le corresponde a los nacionales y en ningún caso a los extranjeros, quienes sólo deberán tener acceso a las migajas… Válido o no, esa es una realidad palpable con tan sólo caminar por la Gran Vía, Piccadilly Circus, la Kurfürstendamm o el Boulevard de Saint Germain…
En EU la realidad también cambia. Los trabajos de los que anteriormente se ocupaban los negros y los latinos, aquellos que decían, el dirty work déjaselos a esos muertos de hambre incapaces de juntar ambas manos para producir un aplauso, ahora empiezan a ser requeridos por una gigantesca población cesante que busca desesperadamente empleo, dirty o no… Nos estamos para filigranas: ¡Fuera entonces de este país en el que anteriormente se podía materializar con relativa facilidad aquello del “sueño americano” que hoy, gracias a Bush —quien corta leña apartado del mundanal ruido y con la “bendición de Dios” en su rancho de Crawford, en donde además, disfruta de todo el dinero mal habido de la venta del petróleo clandestino de Irak en Holanda— se ha convertido en una auténtica pesadilla!
Los atentados en contra de los mexicanos ilegales radicados en Estados Unidos se pueden traducir en una irracional campaña racial de origen estrictamente económico. ¡Ve a buscar trabajo a tu país: América para los americanos, en sentido restringido!
La crisis actual anuncia el escandaloso declive del efímero imperio norteamericano y el surgimiento de otros dos bloques, el europeo y el asiático, encabezado este último por China y Japón que habrán de disputarse, en el futuro, los ahorros y las divisas del mundo.
Por lo pronto los mexicanos continuamos sin articular una eficiente estrategia defensiva ante el Tsunami que empieza a sacudir todas las capas de la sociedad y de la economía nacional. ¿No basta el caso de Vitro o de la Comercial Mexicana o de Cemex empresas acomodadas en la punta de la pirámide o el de los millones compatriotas que se quedarán sin empleo en los siguientes meses y que, sin duda alguna, serán la carne del cañón de la que, en el futuro, vivirá López Obrador, quien apuesta sin pudor alguno a la catástrofe nacional para poder decir a quien desee escucharlo: se los dije, ¿para qué votaron por el presidente espurio? La culpa del desastre presente la tienen los panistas que no saben cómo gobernar; la responsabilidad del pasado corresponde a los priístas: Yo, el peligro para México soy la mejor opción… ¡Qué fácil resulta engañar a un moribundo…!
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