Por: Francisco Martín Moreno
Cuando Manuel Camacho Solís, coordinador del Diálogo para la Reconstrucción de México, DIA, reconoce que el liderazgo político de López Obrador ha sido de una enorme valía, pero ya no puede estar en manos de un solo hombre, en realidad recurre a eufemismos para no declarar que desde hace muchos años atrás la izquierda mexicana, esa izquierda inevitable y necesaria, ha permanecido ostentosamente secuestrada. ¿Pero qué no está secuestrado en nuestro país? Los sindicatos oficiales tienen secuestrado al gobierno y al congreso. ¿A ver quién se atreve a enfrentarse con el sindicato petrolero o al de la supuesta maestra Gordillo, entre otros más? Los partidos políticos están secuestrados por un grupo jerifaltes que impiden las expresiones democráticas imprescindibles en dichas organizaciones políticas. El Congreso de la Unión está secuestrado, esta vez por los partidos políticos que lo han entendido como su propio botín. El Poder Ejecutivo también está secuestrado por un congreso paralizado, incapaz de legislar las reformas estructurales que sacarían del marasmo al país. Los medios masivos electrónicos de comunicación están parcialmente secuestrados, puesto que urge una tercera cadena de televisión a nivel nacional, de costa a costa y del Suchiate al Río Bravo. La telefonía también se encuentra parcialmente secuestrada, como lo está la industria del cemento, la de la panificación industrial y otros tantos rubros que no se pueden apretar en este reducido espacio. La iglesia católica también tiene secuestrado al mercado espiritual. ¿Qué no está secuestrado en México cuando hasta la policía se encuentra en la misma condición gracias al poder de fuego y el económico de la delincuencia organizada? ¿Por qué entonces la izquierda mexicana no iba a estar secuestrada por López Obrador, un político extraído del paleolítico tardío que pretende gobernar con ideas y principios extraídos del inmenso basurero ideológico de la historia?
¿Cómo es posible que ese sujeto siniestro, tan siniestro como ignorante y populista, pretenda emprender el rescate de los pobres sin trabar una alianza con los empresarios, los únicos que cuentan con la capacidad de generar empleos productivos que no dependen de la nómina burocrática, una nómina obesa, pesada, tortuosa y amenazadora? López Obrador intenta regresar al capitalismo de Estado, como lo intenta Chávez en la Venezuela a punto de la ruina o como lo intentó Castro en Cuba o como lo intentaron los países que giraban en la órbita de la Unión Soviética hasta que llegaron al colapso económico y social. Seamos claros: El marxismo-leninismo-stalinismo, ¡Uf!, fue la gran mentira del siglo XX. Cuando se desplomó el muro de Berlín junto con la Cortina de Hierro, los comunistas, adoradores del capitalismo de Estado, se quedaron desnudos, huérfanos, con sus vergüenzas al aire sin saber a dónde refugiarse.
México requiere una izquierda lúcida, una izquierda inteligente, una izquierda constructiva, una izquierda como la que encabezó Felipe González en España, o de la Mitterand o la de Lagos, o la de Lula en Brasil, pero no una izquierda, que además no es izquierda sino fascismo puro, como el que protagoniza Chávez en Venezuela o Castro en Cuba o en el que se inspiraría López Obrador.
¿Ebrard piensa también en rescatar a los marginados de la miseria volviendo a la contratación masiva de burócratas que sólo precipitará la quiebra del gobierno? ¿Qué entenderá la izquierda mexicana por viabilidad y por ”relanzar la economía”, como dijo Camacho? Basta con ver los estados de bienestar que observan las grandes potencias para copiar su sistema de generación de riqueza. No hay nada nuevo qué inventar salvo que Lula sea un alucinado… ¡Claro que la izquierda mexicana no puede seguir dependiendo de un solo hombre! Perdieron años y oportunidades muy valiosas sin darse cuenta de una dependencia tan catastrófica. Si hubiera ganado López Obrador las elecciones del 2006 hubiera sido el final de la izquierda mexicana, como lo será en Venezuela, en Cuba y en Corea del Norte. ¿Por qué no asomarse a India o a China que rescató a 250 millones de chinos en 10 años o investigar la estrategia seguida en Singapur, en donde el ingreso per cápita se incrementó de 400 dólares al año en 1960, a 35,000 en 2010. ¿Por qué no copiar?
¿Cuál es el mejor de los sistemas económicos? El que resuelva la mayor cantidad de problemas: el que proporcione más llaves de agua potable, más zapatos, más hospitales, más teléfonos, más líneas de fibra óptica, más teatros, más satélites, más telecomunicaciones, más vacunas, más automóviles, más escuelas, universidades y tecnológicos por persona, es decir, el modelo económico que pueda crear más empleos, generar más riqueza y ofrecer a los gobernados mejores regímenes de seguridad social es, sin duda, el que debemos elegir más allá de toda demagogia… ¿O no…?
De la catástrofe comunista no puede desprenderse el arribo indiscriminado de la extrema derecha, de un neolibertinaje que presuponga la imposición de cargas iguales entre los desiguales. El mercado libertino aceleraría la vertiginosa involución de la que hemos querido salir desde que la historia es historia. Bienvenida una izquierda inteligente. Se busca.
