Un Congreso desconectado

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Por: Francisco Martín Moreno

Una aguda e inquieta lectora me hizo llegar amablemente la siguiente reflexión de Eduardo Aniant: “Un hecho que no resulta sorprendente es que, además, los “desconectados” son los pobres del mundo, aquellos que no se benefician del crecimiento económico mundial porque no tienen acceso a los servicios sociales básicos, a la infraestructura esencial ni a oportunidades de obtención de ingreso y empleo, y mucho menos acceso a Internet. En estos días, estar desconectado supone un costo aún mayor: el costo del aislamiento y la marginación, en tiempos en que ya existe una brecha creciente entre ricos y pobres dentro de cada país y entre los distintos países.”

Los mexicanos, por nuestra parte, estamos “desconectados” del congreso porque en dicho recinto parlamentario la opinión de los representados paradójicamente no cuenta. Me explico: el objetivo central que justifica la existencia del Poder Legislativo en el marco de las instituciones republicanas, consiste en traducir la voluntad popular en leyes orientadas a propiciar la evolución, el bienestar y la convivencia civilizada en una determinada comunidad. En México la desconexión es patética. Nuestros legisladores, por lo general, no recaban la opinión de la nación puesto que reaccionan a intereses ajenos a los ideales y propósitos de la nación que supuestamente representan. Aquellos le rinden cuentas a los jerifaltes de los partidos políticos, no así a sus representados, por lo cual cometen una traición, una felonía que no se encuentra contemplada en nuestros códigos criminales.

¿Dónde están los diputados que armaron asambleas ciudadanas para conocer el parecer del electorado en torno a la apertura energética o a la suspensión del embarazo? ¿Cuántas personas fueron consultadas antes de que se modificaran las constituciones de 17 Estados de la Federación para establecer como delito el aborto? ¡Ni una sola! Diputados y senadores se han convertido en tiranos que ignoran la voluntad popular y convierten en leyes todo aquello que conviene a sus intereses de clase. Diputados y senadores están “desconectados” de la realidad nacional, mientras continúan acatando instrucciones de los comités directivos renunciando a cualquier actitud crítica, con lo cual ya no sólo traicionan al electorado, sino que, esta vez, lo hacen en contra de sus propias conciencias en el caso remoto de que llegaran a tenerlas…

El problema adquiere otras dimensiones cuando los ciudadanos nos percatamos que la “desconexión” también tiene alcances internacionales, no sólo domésticos. La mayoría de los países del orbe han abierto sus economías en el contexto moderno de la globalización. Castro, por su parte, el coma-andante, el furioso enemigo de todo principio capitalista, hasta él ya invitó igualmente a la inversión extranjera a la explotación conjunta de las riquezas petroleras sepultadas a grandes profundidades en el mar Caribe, mientras nuestros legisladores continúan “desconectados”, en este caso apartados de cualquier teoría globalizadora, mientras cruje la estructura hacendaria nacional ante la catastrófica pérdida de enormes recursos petroleros que dejamos de captar por ignorancia o por un concepto indígeno-nacionalista de carácter suicida. Las encuestas de opinión expresan los deseos de la sociedad mexicana dispuesta a ejecutar la apertura petrolera con las debidas reglas impuestas exitosamente en otras latitudes. La inmensa mayoría de los mexicanos deseamos conectarnos con el mundo, abrirnos, explotar nuestras riquezas, aceptar ayuda extranjera para lograrlo con tal de alcanzar los niveles de bienestar tan prometidos como diferidos temerariamente en el tiempo. Sin embargo, un congreso “desconectado” insiste aviesamente en el fracaso y renuncia a echar mano de las herramientas, de cuya correcta utilización depende el futuro del país antes de volver a despertar al México bronco.

El congreso mexicano está “desconectado” del electorado que supuesta representa; “desconectado” del engranaje energético mundial; “desconectado” de todo principio globalizador; “desconectado” de la realidad económica mexicana; “desconectado” de la miseria que padecen millones de compatriotas y que bien podría paliarse con la apertura petrolera; “desconectado” del mundo y finalmente, también “desconectado” de los genuinos intereses de la patria… ¿De dónde más podría estar igualmente “desconectado” el pleno del Poder Legislativo…?

La receta del fracaso

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Por: Francisco Martín Moreno

Por supuesto que no, no me referiré aquí directa e indirectamente a alguna de las tesis de la izquierda mexicana más conocidas y no por ello menos de alarmantes; no, desde luego que no… Intentaré, sí, esbozar la mayoría de ellas sin perder de vista la incapacidad manifiesta de los fanáticos para aprender de la experiencia presente y pasada. ¿Qué tal comenzar con unas preguntas, cuyas respuestas todos conocemos con tan sólo pensar en ciertos personajes o en recordar los impulsos, no así los razonamientos que mueven a ciertos sujetos, cuya actuación y móviles son realmente inconfundibles muy a pesar de que ya nos encontramos en el siglo XXI…?

¿Quién sufre una terquedad absolutamente dogmática en contra de los principios capitalistas, sí, sí, capitalistas, aquellos que estimulan la generación de utilidades, aun cuando éstas constituyan el principio de un fisco fuerte y que un fisco fuerte represente uno de los fundamentos de la prosperidad de las naciones? No a los principios capitalistas: no, no y no… aun cuando éstos sean imperativos para la creación de empleos, para la generación de fuentes de riqueza y para provocar el ahorro interno, indispensable para el financiamiento más sano del desarrollo? ¿Quién defiende a ultranza el surgimiento y mantenimiento de empresas paraestatales cuando de lejos sabe, o al menos debe saber, que el gobierno ha sido un pésimo administrador de la riqueza pública y que por ineficiencia o corrupción ha dilapidado o tolerado o consentido impunemente la desviación de los recursos públicos a fines ilícitos? ¿Quién insiste obsesivamente, tal y como corresponde a un fundamentalista que se respete, en imponer corrientes económicas caducas y en evidente desuso, cuando de sobra sabe que su aplicación supone una agresión frontal a la democracia que nace? ¿Quién defiende a la democracia en discursos electorales y en la práctica manda al “diablo a las instituciones del país…”?

¿Quién puede ignorar a estas alturas que cuando el gobierno estatiza a una empresa y crea un monopolio arruina a empresa y sociedad no sin antes crear un nuevo foco de corrupción? ¿Quién se niega a aprender de la experiencia y vende promesas populistas que más tarde se desmoronan como la Cortina de Hierro o como el Muro de Berlín? ¿Cómo olvidar que la elefantiasis estatal es el mejor medio para alentar la corrupción y la descomposición moral de la sociedad y, sin embargo, existen quienes, a pesar de no ignorar esta receta para alcanzar eficientemente el fracaso, todavía tratan de vendérsela a quienes agitan banderitas en los acarreos electorales? ¿Quién no sabe que las así llamadas “empresas estratégicas” defendidas en términos caninos por el gobierno hacen agua a babor, estribor, proa y popa y si no hunden es porque se les mantiene a flote gracias al ahorro de los contribuyentes, al subsidio, a las prótesis económicas con o sin su voluntad política? ¿Quién vincula a las “empresas estratégicas” con el honor nacional y se niega a su privatización cueste lo que cueste aun cuando los escasos ahorros de los mexicanos tan necesarios para educar o curar se vayan por el alcantarillado? ¿Quién insiste en adoptar el papel de víctima en lugar de enmendar el error y aceptar su responsabilidad política? ¿Quién demuestra con cada decisión o cada palabra pronunciada en público su incapacidad para diferenciar entre lo cierto y lo falso, la realidad y la ficción y que cuando lo logra distinguir ya hizo girar para atrás las manecillas del reloj de la historia? ¿Quién sufre de una parálisis intelectual tan desarrollada que le impide ver, oír, recordar, aprender y sueña, promete y asegura como si la realidad no existiera…?

La izquierda mexicana insiste en buscar las culpas en las fuerzas del mercado, en la libre competencia, en las transnacionales, en los términos de intercambio, en el capitalismo explotador de conciencias y de hombres, en la actuación de la Casa Blanca, en el TLC. ¿Por qué la palabra ganancia está excluida del léxico perredista y quien la utiliza está condenado al fuego eterno? ¿Cómo con alguien que niega las ventajas de la globalización y la economía neoliberal con rostro humano?

¿Cómo facilitar el arribo a la presidencia a quienes levantan en público la mano a Castro o a Chávez y todavía creen en las ventajas de la dictadura del proletariado?

La mejor receta para el fracaso se encuentra en las tesis de la izquierda mexicana divorciadas de las Lula, Bachelet o Felipe González…

La utilidad de las revoluciones

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Por: Francisco Martín Moreno

Cuando Jean François Revel sentenció de cara la historia aquello de que “las revoluciones o sirven para centralizar aún más el poder o no sirven para nada”, en un principio, semejante afirmación tan radical, me pareció ciertamente exagerada. Por esa razón decidí repasar algunos de los recientes movimientos armados a lo largo y ancho del mundo, para estar en condiciones de refutar, en su caso, dicha aseveración.

En China, a modo de ejemplo, cuando la terrible dictadura de Chiang Kai-shek, fue derrocada por Mao Tse-tung en 1948, analistas y observadores supusieron que el arribo de los comunistas al poder después de una interminable revolución, implicaría igualmente el arribo de la democracia y de la libertad. Sin embargo, la tiranía china se perpetuó hasta nuestros días concentrando aún más el poder en unas cuantas manos.

En el caso de Rusia cualquiera hubiera podido imaginar que después de la destrucción del imperio zarista por los soviets, advendría una república democrática con una clara división de poderes al estilo occidental. ¿Resultado? Después de siglos de una brutal y no menos cruel tiranía zarista extinguida por medio de una sangrienta revolución, a cambio se instaló la “Dictadura de Proletariado”, en la que, de nueva cuenta, fueron cancelados los más elementales derechos del hombre.

En este brevísimo análisis resulta imposible ignorar la revolución cubana detonada en la Sierra Maestra para derrocar a la dictadura de derecha ejercida por Fulgencio Batista. ¿Acaso los cubanos no fueron engañados ésta vez por Fidel Castro, cuando al concluir el movimiento armado, se instaló otra espantosa dictadura, ahora de derecha, encabezada por ese salvaje primate caribeño que ha usurpado la voluntad de los suyos por más de medio siglo? Al igual que China y Rusia y ahora Cuba, las sangrientas revoluciones solo sirvieron para centralizar más el poder o no sirvieron para nada.

¿México fue la excepción que escapó a la sentencia de Revel? ¡Por supuesto que no! Cuando en 1915 concluyó la última parte del movimiento armado originado en razón de las diferencias existentes ahora entre Carranza y Villa, la población agotada, mutilada y enlutada después de haber asistido a la muerte de más de un millón de mexicanos y de la destrucción de la economía, pensó que gozaba de un legítimo derecho para instaurar finalmente la democracia en nuestro país. Habíamos pagado un precio muy elevado para derrocar a la dictadura de Porfirio Díaz, así como la de Victoriano Huerta. ¿Quién podría disputarle a México su derecho a la libertad, a la evolución y al progreso? Sólo que la terrible revolución de 1913 sólo sirvió para centralizar aún más el poder. El primero que intentó hacerlo fue el propio Venustiano Carranza, quien murió asesinado a balazos por Carranza y sus corifeos, después de que aquél trató de eternizarse en el mando supremo imponiendo la triste figura de Ignacio Bonillas. Obregón, por su parte, una vez ungido presidente, en aras de un ejercicio absoluto de sus poderes, mandó también asesinar o a secuestrar legisladores y periodistas, además de liquidar a la inmensa mayoría de sus colaboradores militares que se habían batido junto con él en el campo del honor para aplastar al huertismo. Deseoso de ser enterrado con la banda presidencial cruzada en el pecho, el Manco de Celaya no se detuvo en sus propósitos cuando decidió desconocer el principal postulado de la revolución mexicana como el fue el Sufragio Efectivo no Reelección… Cuando se reeligió en 1928 fue asesinado entonces por Calles y por la iglesia católica. ¿Democracia? ¡Ninguna! ¿Concentración del poder? ¡Sí!, a pesar de la revolución.

Calles tampoco fue la excepción, no sólo al alterar una y otra vez el resultado de las elecciones locales y federales a su favor y al controlar al poder judicial y al legislativo como meros apéndices del ejecutivo. Si algo demostró de nueva cuenta la centralización del poder fue la imposición del oprobioso Maximato callista, del que nadie quiere acordarse.

La experiencia mundial nos debe confirmar a los mexicanos la importancia de preservar nuestra incipiente democracia que, aún cuando desprovista ya de caudillos, dictadores y tiranos, con el tiempo nos permitirá arribar al esplendor de la libertad por más que el camino sea tortuoso y difícil. No perdamos la paciencia y continuemos construyendo el futuro a pesar de todas la dificultades… Ya sabemos para qué sirven las revoluciones…

La más nociva de las secuestradoras

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Por: Francisco Martín Moreno

El amable lector que pase generosamente la vista por estas líneas deseará conocer de inmediato el nombre de la más nociva de las secuestradoras mexicanas: la respuesta no puede ser otra que Elba Esther Gordillo, la supuesta maestra de nuestros hijos, los depositarios de lo mejor de nosotros. Fundo la aseveración anterior en el siguiente argumento: si el presente y futuro del país dependen, sin duda alguna, de la educación y ésta se encuentra secuestrada por la “maestra” Gordillo, entonces no resulta difícil concluir que el porvenir de México radica en los estados de ánimo, en el sentido del honor, en la capacidad profesional y en el concepto de patriotismo de la líder del sindicato de maestros de la SEP…

Si las alianzas para evaluar la educación nacional no pasan de ser una simulación; si el gobierno se ha caracterizado por haber sido un pésimo maestro, cuya eficiencia es medible con tan sólo constatar la existencia de 40 millones de mexicanos sepultados en la miseria; si en las escuelas públicas únicamente se incuba la mediocridad y la resignación se apodera gradualmente de las mentes de millones de nuestros jóvenes; si de las aulas surgen hornadas de ciudadanos semi analfabetos que escriben su nombre con faltas de ortografía; si los estudiantes desertan o se forman sin haber aprendido a ejecutar operaciones aritméticas elementales; si 90% de los aspirantes a ingresar en las universidades públicas reprueban los exámenes de admisión, con lo que queda demostrado cómo el esfuerzo de la sociedad por financiar la excelencia educativa se tradujo en un sacrificio inútil; si la inmensa mayoría de las generaciones futuras obtendrán, si acaso, ingresos no mayores a 40,000 pesos anuales; si nuestros supuestos “socios” del TLC nos contemplan como una fuente de mano de obra barata, sin concedernos la anhelada categoría de socios; en fin, si una sola persona tiene secuestrado el futuro del país y nadie, por temores fundados de toda índole, puede remover del cargo a la líder del magisterio, entonces la señora Gordillo y su pandilla de seudo maestros, son los secuestradores más nocivos existentes del país.

Si Calderón es el primero en formar parte del grupo, nada distinguido, de secuestrados y negocia con una pandilla de pseudo maestros para reciprocar atenciones relativas a su estancia en el poder, además de concederles cargos en el gabinete a quienes nos han arrebatado el futuro; si al mismísimo Jefe de la Nación se le puede acusar entonces de cómplice en este artero ataque en contra de las más caras esperanzas del México; si se le entregan a la señora Gordillo miles de millones de pesos a fondo perdido y sin destino específico para afianzarla en su execrable liderazgo, a cambio de retribuirle sus esfuerzos para consolidar al panismo en Los Pinos; si el Congreso de la Unión se hace de la vista gorda ante el grosero despilfarro de los ahorros de la nación y no se ocupa de emitir leyes orientadas a propiciar la democratización sindical y ni siquiera se alarma ante los efectos de la creciente ignorancia y de la desesperación social; si la ciudadanía se abstiene de protestar aun cuando el porvenir de más de 100 millones de mexicanos se frustra en las aulas, entonces el futuro nos alcanzará irremediablemente.

¿Qué pensará la “maestra” Gordillo cuando el día de mañana se retire o sea retirada, y contemple a la distancia su catastrófica gestión? ¿Estará satisfecha del origen de su fortuna y de haber decapitado las posibilidades de evolución de millones de mexicanos, víctimas de la avaricia, el egoísmo y la sevicia de una pandilla encabezada por ella? ¿Cómo justificará la “maestra” Gordillo, en su intimidad, el daño que le hace a la nación? Instalada en la opulencia y en la impunidad, ¿estará orgullosa de haber cancelado las oportunidades de millones de personas? ¿Será conciente que con su poder omnímodo podría construir eficazmente el país con el que todos soñamos y lograr que su nombre sea escrito con letras de oro en los palacios legislativos de la República, en lugar de ser considerada como una delincuente social?

“Maestra” Gordillo: usted puede todavía dar un vigoroso golpe de timón y quitarse de un plumazo el uso obligado de las comillas. Escoja hoy mismo entre la conquista de un honorable espacio en las enciclopedias mexicanas como la gran forjadora del México moderno, o un justificado lugar, al cual ya está usted destinada, en cualquier basurero de la historia.

Sin binoculares y sin espejo retrovisor

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Por: Francisco Martín Moreno

Los pilotos que dirigen nuestro país cómodamente instalados frente al tablero de mandos, conducen a la nación sin binoculares, es decir, sin una perspectiva del futuro, sin poder advertir con la debida claridad la presencia de obstáculos inminentes, tal vez insalvables y, además, sin un espejo retrovisor indispensable para aprender de las experiencias pasadas, de los arrecifes, de las cataratas, de las pendientes, de los vacíos. Navegamos, nos desplazamos, nos movemos entre gritos y empujones, entre chantajes, zancadillas y amenazas, sin disciplina ni rumbo cierto y definido, sin identificar un derrotero ni guiarnos siquiera por las constelaciones o cualquier otro elemento natural, ya no se diga mecánico, que proporcione alguna idea, aun cuando remota, de alguna dirección posible. Vamos pues al garete, sin percatarnos siquiera que ya recorrimos varias veces la misma ruta y repetimos, damos vueltas inútiles, circulamos, cometemos los mismos errores, sufrimos los mismos percances, el evidente resultado de una alarmante incapacidad de aprendizaje. No, no sólo no aprendemos de la historia, ésta se repite una y otra vez, de manera torpe e insensata, sino que tampoco contamos con la posibilidad de adelantarnos a los acontecimientos, de prever, de planear, de adquirir sabiduría y conocimiento, de evitar que las debacles se repitan. ¿Cómo se llama aquel que no aprende de la experiencia, que no puede prever y es incapaz de adquirir sabiduría y conocimiento? ¡Gobierno mexicano!

El tiempo pasa, los días se suceden los unos a los otros, arrancamos las hojas del calendario, cambiamos los calendarios, desaparecen nuestros ancestros sin poder transmitir experiencia, sin poder heredarla en un asfixiante espacio de frustraciones; mudan de rostro los políticos, continúan otros idénticos; son los mismos hijos de los mismos viejos, con la misma mentalidad, con la misma hipocresía, la misma timidez, los mismos miedos, los mismos traumatismos, la misma corrupción; las heridas no cicatrizan, las costras no aparecen, la sangre no se coagula; los mismos llantos, los mismos lamentos se siguen escuchando; los resentimientos siguen expuestos a flor de piel; los años no curan, no alivian, no ayudan a olvidar; el rencor es veneno, la raza de bronce está envenenada y lo desconoce y si lo conoce no lo acepta y si lo acepta, no evoluciona ni lo supera. En las paredes de todos los hogares permanecen colgadas las mismas fotografías desde que comenzó la historia; nuevos personajes, mismos escenarios, misma ignorancia, misma miseria, misma desesperación, mismo inmovilismo, misma frustración, misma postración, misma resignación, mismo fatalismo, misma negación. Tezcatlipoca habla, grita, condena, advierte contemplándose en su espejo negro y, sin embargo, seguimos en la misma dirección que conduce al despeñadero, bienvenido el despeñadero, la destrucción, la noche triste…

Imposible ponernos de acuerdo. No estamos hechos para parlamentar. Nos enseñaron a acatar, a obedecer, a cumplir instrucciones sin refutar ni exhibir otro criterio, otro punto de vista. Aquí mando yo: ¡a callar! Aceptamos una jerarquía superior, pero jamás la presencia de un semejante que intente imponer el orden respetando los puntos de vista ajenos. Jamás aceptaré la autoridad emanada de mis pares y en este país todos son mis pares. Ninguna voz es digna de crédito ni merecedora de la menor consideración. Uno es peor que el otro. Sálvese el que pueda. Viva la muerte. Las promesas se repiten, el escepticismo cunde, las palabras se desgastan, las esperanzas también. Quien se acerque es movido por un interés inconfesable. No existe la piedad ni el perdón ni la transparencia ni la honorabilidad ni la confianza ni las sanas intenciones. Quien no descubra rápido los auténticos móviles de los terceros no tardará en perecer víctima de ellos.

Nada está sano, todo está podrido. Pobre de quien confía porque será devorado. Pobre de quien cree porque será traicionado. Pobre de quien sueña porque al despertar vivirá una pesadilla. Pobre de quien se atreva a alcanzar el éxito porque será aniquilado. Pobre de quien no se ría y se burle porque parecerá cuerdo. Pobres de los cuerdos porque serán excluidos. Pobres de los excluidos porque jamás serán escuchados.

Tú, sí, tú, el que camina rumbo a la proa, el mismo que arrojó los catalejos, los binoculares, los espejos, los sextantes y las brújulas al mar, tú, sí, tú, has hecho patria… Eres un bienamado…

¿Quién apagó la luz?

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Por: Francisco Martín Moreno

¿Quién apagó la luz en el gobierno federal, en el Congreso de la Unión, en los partidos políticos y también en las entidades federativas? ¿Quién? Nadie encuentra el tablero de mandos ni se identifica por ningún lado a los pilotos. El país va al garete, extraviado, siguiendo una perturbadora ruta de colisión. Los operadores, la mayoría de ellos descalificados e improvisados, chocan los unos contra los otros en la absoluta oscuridad, culpándose anticipadamente del desastre que viene. A pesar del rumbo suicida que ha tomado la nación, ignorando irresponsablemente el margen de maniobra con el que todavía se cuenta, aún así, en lugar de escucharse voces angustiosas de alarma, se oye, en cambio, un intenso intercambio de golpes, seguido de epítetos altisonantes en la lucha por hacerse a cualquier precio del timón. Muy pocos se localizan en sus puestos y quienes se encuentran al frente de ellos desconocen el manejo profesional del aparato político. Las brújulas se perdieron al caer por la borda de buen tiempo atrás. Ningún miembro de la tripulación domina los instrumentos de navegación ni logra someter a los demás con un conocimiento superior. Ninguna voz vale. La autoridad y el liderazgo son inexistentes.

Todos quieren imponer sus puntos de vista en función de sus propios intereses personales, por lo general inconfesables. Los desplantes furiosos se suceden los unos a los otros, al igual que las recriminaciones y las amenazas. Los expertos parecen haber sido los primeros en ser barridos de la proa. La ignorancia dirige las operaciones entre carcajadas de horror. No hay quien reconozca sus limitaciones. En lugar de palabras se dan los empujones. En lugar de argumentos se dan los insultos. En lugar de las negociaciones para evitar el naufragio se dan los arrebatos, la expresión de las ambiciones más descastadas. La política ha fracasado junto con la exposición de razones. Las perspectivas han desaparecido del horizonte.

El presidente, supuestamente el capitán, perdido en el griterío, manda, a modo de solución, un proyecto de ruta tortuoso que, lejos de conducir la nave a buen puerto, sólo complicará la ya, de suyo, difícil situación. En plena tormenta, en lugar de arriar las velas para oponer menos resistencia al viento, ordena que aquellas se desplieguen sin percatarse que puede provocar un percance catastrófico. ¿Por qué imponer gravámenes en plena crisis económica para complicar aún más la precaria posición de los desposeídos, en lugar de aligerar el bajel arrojando al mar la pesada carga que amenaza las posibilidades de flotación? Es decir, ¿por qué no cancelar los subsidios, como los de la gasolina, entre otros más, contraer violentamente el dispendio público, con tal de no aumentar las cargas tributarias? Nadie se sacrifica. Ahoguémonos juntos. Muera la inteligencia. Viva la muerte. El “Jefe” dice que las empresas poderosas “rara vez pagan su impuestos en forma correcta.” ¿Sabrá el dicho “Jefe” que existe un equipo de mecánicos auditores federales que supuestamente están capacitados para evitar fraudes fiscales? ¿Por qué no audita a fondo a los gigantes que no pagan? ¿Por miedo a enfrentar otros poderosos intereses creados? ¡Que lea a Franklin Delano Roosevelt y aprenda a ser valiente! Franklin, ¿qué…?

¿Quién apagó la luz? ¿Por qué no encenderla para diseñar una estrategia económica de largo plazo? ¿No hay quien la diseñe? ¿Ya se murieron los grandes economistas mexicanos? ¿Ya no hay estrategas? ¿Y el PRI que pretende gobernar otra vez en el 2012 sólo sabe parchar y enmendar hasta agotar la paciencia ciudadana? ¿Cuánto falta para que ésta se agote? ¿Cuánto falta para que el pueblo enfurecido vuelva a entrar con lujo de violencia en el Congreso de la Unión para echar a patadas a esos presupuestívoros que piensan en todo menos en sus representados? Todo parece indicar que en el 2012, afortunadamente el PAN se irá de los Pinos, para que desafortunadamente vuelva el PRI dentro de 3 años…

El susto que nos llevaremos cuando finalmente prendan la luz en el Poder Ejecutivo Federal y en el Congreso de la Unión, sólo para descubrir rostros desconocidos que ignoran los principios elementales de operación del aparato político cuando nos encontramos al borde de una gigantesca catarata…

Al analizar el origen del desastre debemos preguntarnos, ¿dónde acaba la culpa de los gobernantes y empieza la de los gobernados? ¿O existen las culpas absolutas…?

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¿Está usted con Luz y Fuerza?

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Por: Francisco Martín Moreno

Si usted está del lado del sindicato de Luz y Fuerza, desde luego, que no está con la dolorida clase trabajadora mexicana ni está a favor de la democratización sindical del país. La inmensa mayoría de nuestro sector obrero no goza, ni mucho menos, de los privilegios que disfrutan los empleados del LyF, quienes los disfrutan no como consecuencia de un trabajo acreedor del respeto y la confianza ciudadana, sino como el resultado de arreglos políticos inconfesables durante las 7 macabras décadas de “dictadura perfecta”, durante las cuales el PRI logró mantenerse en el poder, entre otras razones, gracias a la creación de sindicatos espurios con los que se aplastaba la menor simiente de libertad y de democracia, al estilo más decantado del callismo autoritario y venal, la fuente de inspiración del priísmo de todos los tiempos. ¡Quién apoye a LyF, sólo puede hacerlo movido por intereses inconfesables ajenos al más elemental sentimiento patriótico y lógica económica!

Estar de acuerdo con LyF es tanto como apoyar la tiranía sindical que facilitó el surgimiento de líderes corruptos y podridos, que lucraban a placer con las cuotas de sus agremiados, sin que jamás rindieran cuentas a nadie del destino de dichos recursos. Apoyar a los sindicatos oficiales, es apoyar a una cáfila de bandidos que jamás pagó impuestos, al México impune, al burlado y engañado que nunca se vió representado legítimamente; al México traicionado y estafado que algún día quisiera modernizarse en contexto del siglo veinte; un México nuevo y democrático, con ejemplares instituciones de vanguardia.

Estar de acuerdo con LyF no sólo implica favorecer la corrupción de la que tanto se queja casi, casi, toda la ciudadanía, sino que hacerlo equivale a resignarse a pagar el altísimo precio de la ineficiencia en la que, por absurda disposición constitucional, no pueden participar diversos proveedores, en libre competencia, para abaratarla. LyF no sólo da un pésimo servicio, sino que sus costos de producción son aberrantes, por lo que el gobierno federal ha tenido que subsidiarla con 360 mil millones de pesos a lo largo de su historia, porque obviamente la empresa no puede valerse por sí misma, sin recurrir al ahorro de todos los mexicanos que, a diario, comprueban cómo los recursos publicos van a dar a manos de un grupo privilegiado de trabajadores que no cumplen con su tarea, en lugar de destinar dichos recursos, por ejemplo, al financiamiento de las universidades del país, a la educacion superior, otra de las grandes catástrofes nacionales. Si el presupuesto de la UNAM es de casi 50 mil millones de pesos, ¿por qué no ayudarla, entre otros ejemplos, a nuestra máxima casa de estudios con los 42 mil millones de pesos que vale el subsidio anual de una empresa caótica e ineficiente que, al no poder otorgar un servicio oportuno y profesional a los consumidores industriales, éstos han tenido que emigrar de la zona centro del país para llevar a cabo sus inversiones en regiones, donde se garantice el abasto en términos menos costosos y no asi más competitivos, según puede demostrarse con los precios internacionales vigentes? El costo de la energía se desplomaría si hubiera 20 proveedores del fluído y el país no viviera secuestrado por un sindicato eléctrico que nos resta posibilidades de éxito comercial en el exterior.

Si usted está de acuerdo con el sindicato de LyF, también lo estará con pagar tarifas disparadas de la realidad y con el hecho aberrante de que el 40% de los clientes del fluído eléctrico no paguen el servicio con arreglo a un sinnúmero de delitos que no vienen al caso exponer en tan breve espacio. Si todos los consumidores de luz en el territorio operado por LyF pagaran el servicio, las universidades no hubieran visto reducidos sus presupuestos ni se habría castigado a otros renglones prioritarios de la economía nacional.

Si usted está de acuerdo con la democratización sindical; si usted está de acuerdo con retirar de la garganta de la nación a esta gigantesca sanguijuela eléctrica que devora los ahorros de todos los mexicanos; si usted desea pagar un precio razonable de sus consumos eléctricos y está conforme con la erradicación de los sindicatos oficiales que tienen secuestrado al país, entonces debe dar su voto tan favorable como estentóreo para apoyar la liquidación de LyF, en donde 65 mil empleados cuentan con privilegios desconocidos para 107 millones de mexicanos.

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Por: Francisco Martín Moreno

Democratizar a los sindicatos oficiales podría parecer una tarea farónica de imposible ejecución. Puede ser que lo sea, sin embargo, la hoja de ruta a seguir, si bien puede implicar severos desafíos, también es cierto que, a través de la política, se podrían alcanzar los objetivos en el muy corto plazo.

Uno de los pilares en que se apoyó la “dictadura perfecta” para impedir la alternancia del poder en nuestro país durante 70 años, sin duda alguna, se encuentra en los sindicatos oficiales creados con la idea de aglutinar a la inmensa mayoría de la clase trabajadora en el puño de la mano del presidente priísta en turno. La labor más importante, entre otras, de los llamados líderes “charros”, consistía en sumar la mayor cantidad de sindicatos privados a sus gigantescas centrales obreras, desde la que ejercían un control férreo en el sector obrero. Es evidente que Luis Napoleón Morones, el brazo armado de Elías Calles, heredó esta escuela sindical a través de la famosa CROM, cuyas siglas significaban, según el populacho: Cómo Robó Oro Morones… La historia no es nueva. Si algún despistado se negaba a formar parte de dichos sindicatos, simplemente desaparecía de los escenarios laborales o bien, aparecía con un tiro de 45 en el centro de la frente. ¿Quién se iba a negar?

Sólo que quien aglutinaba a las fuerzas obreras para el PNR y después para el PRI, exigía a cambio curules en el Congreso de la Unión, puestos clave en el gobierno federal o en las entidades federativas, acceso a concesiones oficiales de toda naturaleza o hasta la facilidad de disponer impúnemente del tesoro público, con tal de que las negociaciones de los contratos colectivos de trabajo se llevaran a cabo en un ambiente de paz, sin marchas obreras ni huelgas ni peticiones absurdas que pudieran “lesionar la economía nacional.” Se embotelló entonces a la fuerza obrera del país al estilo decantado de Morones. Su alumno más destacado fue Fidel Velázquez, quien logró reunir a 3 millones de trabajadores en su CTM, organización dictatorial e intolerante, un auténtico motivo de orgullo para las causas priístas más retardatarias.

Los líderes petroleros, los de maestros, los electricistas, los burócratas, en los que cabían los médicos al servicio del Estado, vendieron caro su favor. Aprovecharon su imposición a sangre y fuego en el cargo para enriquecerse, claro está, además de exigir escandalosos privilegios para ganarse la admiración y el respeto de las bases de sus respectivos sindicatos, prestaciones injustificadas que pagaría finalmente el dolorido pueblo de México, consolidando así el poder de esa cáfila de bandidos que formaban parte vital de la familia revolucionaria.

En lugar de que los trabajadores del gobierno o de empresas privadas pagaran voluntariamente sus cuotas sindicales a las respectivas tesorerías de sus organizaciones, se estableció en la ley la obligación de que los patrones retuvieran dichas cuotas para ser enteradas al sindicato. De esta suerte se centralizaron y se canalizaron enormes cantidades de dinero a los sindicatos oficiales, cuyos dirigentes recibían cheques mensuales multimillonarios, cuyo destino escapaba y escapa a, control y al escrutinio de las masas obreras. ¿A dónde van a dar finalmente las cuotas mensuales de más un millón de maestros de la SEP o las de los empleados de PEMEX o las de CFE o las del IMSS? ¿Quién audita o se atreve a auditar a dichos sindicatos o a sus líderes? ¿El fisco? ¡Ja! ¿Organizaciones autónomas de trabajadores? Otro ¡Ja…!

La solución para democratizar a los sindicatos oficiales se encuentra en la derogación de las disposiciones que obligan al patrón, léase el gobierno, a retener las cuotas sindicales a cargo de los trabajadores. Divide y vencerás. Si cada maestro, electricista, médico o petrolero pudiera decidir a qué organización entregar su cuota, exigiría más transparencia en el manejo de sus recursos, demandaría legitimidad en sus representantes, participaría con más eficiencia hasta como integrante de las planillas, influiría en los óganos de vigilancia, pero sobre todo: al privar a los líderes charros de sus cheques mensuales multi millonarios se desmantelará la base de su poder. En síntesis: para diluir y atomizar a los sindicatos públicos se debe lograr que sus agremiados paguen voluntariamente sus cuotas a los líderes que ellos hubieran escogido libremente… Es la hora de la democracia, ¿no…? Hagamos la prueba…